[Obermann once more]. Poema corto inglés de Matthew Amold (1822-1883), inspirado en el Obermann (v.) de Sénancour y publicado en 1867.
El metro es el de balada con estrofas de cuatro versos y rima alterna. El poeta está en los Alpes suizos cuando se le aparece el espíritu de Obermann (v.) o sea de Sénancour. El melancólico héroe le hace una especie de evocación de la historia del inquieto espíritu europeo: el mundo pagano, externamente espléndido pero con el corazón de piedra, sólo podía inspirarle aversión y disgusto.
Un profundo cansancio y la saciedad del placer hacían de la vida humana un infierno. Oriente invitó cierto día al victorioso mundo occidental a buscar una bebida para extinguir su sed, a buscarla en el alma.
Y Occidente obedeció; veló sus águilas, depositó el cetro, destrozó las flautas, rasgó los libros y buscó la soledad. Y entre las ruinas sonrió a Jesús, aquel tierno muchacho, aquel hombre coronado de espinas, siempre próximo a quien le invocaba como salvador.
Luego, faltó la fe y Él murió. Se invocó un huracán para refrescar el aire y el huracán (la Revolución francesa) vino y pasó. Pero el mundo está hecho pedazos: muertos los viejos dogmas, los ritos, el mismo orden social.
Hay que abrigar alguna nueva esperanza o el hombre habrá de debatirse para siempre en las penas. Pero mientras tanto, mientras lo que era viejo ha perecido y lo nuevo no ha nacido aún, ¿quién puede sentirse contento en un mundo desamparado? Obermann huyó hacia los Alpes, soñando en el porvenir, y la posteridad ha olvidado su nombre; pero él, el poeta que por comunidad de sentimientos le siente próximo, no debe desesperar como aquél desespera.
El sol ha salido y ya ha pasado el invierno. Millones de hombres, cuya vida estaba entristecida por el hielo, tienen pensamientos, sonrisas y lágrimas. Que concurra el poeta con su obra a realizar una ola común de pensamiento y de alegría que restablezca al género humano. La visión desaparece mientras el poeta ve surgir gloriosa la mañana.
Este breve poema, inspirado por la ternura hacia un hermano del espíritu, por el amor a la naturaleza, está lleno de aspiración sincera hacia un mundo mejor y de melancolía atemperada por la esperanza. Arnold revela aquí tal vez, más que en ninguna otra de sus poesías, su yo más íntimo.
E. di Seregni

