[I Havsbandet]. Novela (1890) de August Strindberg (1849-1912). Es su protagonista un hombre inteligente y refinado destruido por el contacto con gente primitiva y brutal.
Descendiente de una familia ennoblecida por méritos civiles, hijo algo tardío de un padre de firme carácter y de inteligencia clara, el joven Borg ha aprendido pronto a dominar sus instintos y a realizar una vigilancia racional de su propia vida.
De aquí una extraordinaria sensibilidad nerviosa, a la cual la trivialidad y la ordinariez ofenden fácilmente; el joven, por reacción contra ellas, ama un refinamiento extremado. Hallándose en medio de la humanidad «normal», torpe, instintiva y egoísta, las experiencias con que choca Borg son naturalmente dolorosas y acaban por abrumarlo.
Ayudante en la Academia de Ciencias, la envidia se ejerce implacablemente contra él. Ingenio crítico y constructor hace descubrimientos cuyo valor es reconocido en el mundo internacional de los doctos; pero en el ambiente de la Academia le oponen tales obstáculos que acaba por dejarla y aceptar un cargo de inspector de pesca en el archipiélago de Estocolmo.
Allí es mal visto por una población primitiva, crédula y cruel, sin luz de inteligencia; y encuentra a una muchacha, ya no muy joven, María, bella pero vulgar, que ejerce una gran atracción sexual sobre él, hasta el punto de que se casa con ella forjándose la ilusión de poder acercarla a sí. Pero la joven forma causa común contra su esposo, con la gente a la que se siente afín, y se pone a coquetear con un joven ayudante suyo.
Borg, en medio de aquella gente inferior, ha perdido todo motivo de vivir, pues sólo una esposa y un hijo hubieran podido conciliar su sensibilidad con la vida. Cada vez se aísla más, descuida todo trabajo serio, se pierde en vanos proyectos, acosado de mil maneras después de haber presentado la dimisión de inspector, agotado también físicamente.
La noche de Navidad se rehace con postrer esfuerzo; entra en una barca y vuelve las espaldas a la tierra, orientándose hacia la estrella Beta de la constelación de Hércules, para un viaje sin regreso por el mar, «fuente de vida y enemigo de la vida».
Son evidentes en esta novela las huellas de la cultura positivista entonces dominante y de la doctrina nietzscheana del Superhombre. El inspector Borg era, según explícita declaración de Strindberg, un ejemplar de la nueva humanidad que se iba formando, la cual se hallaba necesariamente en contraste con la normal que se disolvía.
El dominio racional de las pasiones, una gran sensibilidad nerviosa, manetas refinadas, distinguen a este hombre de excepción, de la masa obtusa, insensible, dominada por los instintos, Borg parece, a veces, contra las intenciones del autor, la caricatura del intelectual.
En cambio suele ser eficacísima la descripción de la plebe con que Borg es puesto en contacto: de aquella mujer sensual, vulgar y rapaz hacia la cual Borg siente atracción sexual; de la madre de ella, sólo preocupada del matrimonio de su hija; del joven ayudante, cuya falta de madurez se reviste de sentimentalismo erótico.
Y después, por debajo de las formas inferiores de la humanidad, el mundo geológico, los elementos, la vida de las plantas acuáticas, de los peces y de los pájaros del Báltico, descritos a veces con una minuciosidad demasiado precisa para una obra literaria, pero a menudo también con gran simpatía y penetración.
En la representación de la pura vitalidad e instintividad, más acá de todo vislumbre de conciencia moral, reside la fuerza de Strindberg.
V. Santoli

