Bajo este título están reunidos el conjunto de los escritos acerca de la lógica de Aristóteles (384-322), cuya primera edición impresa es la aldina, en el texto griego, en cinco volúmenes en folio (Venecia. 1495-1498).
Estos escritos contienen las Categorías o predicamentos de los juicios; el tratado Sobre la interpretación; los Primeros Analíticos, los Segundos Analíticos, los Tópicos y la Refutación de los sofismas. En las Categorías, Aristóteles estudia la relación entre el sujeto y el predicado en la proposición. En ésta se afirma siempre, o se predica siempre, un carácter de alguna cosa. Este carácter que nosotros atribuimos al sujeto se llama categoría. Todos los posibles caracteres o todos los posibles predicados que podemos atribuir a un sujeto son reducidos por Aristóteles a diez.
Lo que podemos decir de un sujeto responde a la pregunta « ¿qué es?» y entonces la categoría correspondiente es la «sustancia», o, también, la esencia. Se puede después responder a la pregunta: « ¿de qué naturaleza?» para obtener la «cualidad». A la pregunta «¿qué magnitud?» para obtener la categoría de «cantidad»; a la pregunta «¿en relación a qué?» para la «relación», a la pregunta «¿dónde?»: «lugar»; a la pregunta «¿cuándo?»: «tiempo; a la pregunta «¿en qué posición está?»: «situación»; a la pregunta «¿qué cosa tiene?»: «tener»; a la pregunta «¿qué hace?»: «hacer»; a la pregunta «¿qué recibe?»: «padecer». Para aclarar el significado de estas categorías Aristóteles toma como ejemplo a un hombre que se halle en los alrededores del Liceo, y va examinando las preguntas que es posible formular acerca de él. Ahora bien, todo cuanto se puede atribuir a aquel hombre está comprendido en una de las categorías enumeradas. « ¿A quién vemos?» (sustancia), « ¿qué altura tiene?» (cantidad), « ¿está en pie o sentado?» (situación), « ¿actúa o recibe una acción?» (acción o pasión) y así sucesivamente.
En el tratado Sobre la interpretación son estudiadas las proposiciones. Pueden ser afirmativas, negativas o indefinidas (por ejemplo, podemos decir: el placer no es bien, sin definir qué es el placer). Las proposiciones son verdaderas cuando predican de una sustancia una propiedad que les es en realidad inherente, falsas en el caso contrario.
Además, las proposiciones pueden dividirse según su cantidad y entonces son: universales (todos los hombres son mortales); particulares (algún hombre es bueno); singulares (Sócrates es bueno). El estudio de las categorías y de las proposiciones nos introduce en el centro de la lógica aristotélica, desarrollada fundamentalmente, como teoría de razonamiento en los Primeros Analíticos.
El razonamiento que deduce de una o más proposiciones una conclusión es, según Aristóteles, de dos tipos, o sigue dos métodos: el método inductivo y el deductivo. El método inductivo es el que de algunas proposiciones particulares se eleva a una conclusión general. Por ejemplo: el zapatero que conoce su propio oficio es el mejor, el leñador que conoce su propio oficio es el mejor, luego, en general, quien conoce su propio oficio es el mejor.
El otro método, el deductivo, tiene para Aristóteles un rigor lógico más decisivo. Parte de premisas generales y deduce de ellas conclusiones particulares. Esta deducción se efectúa por medio de una unión entre tres proposiciones, a la que Aristóteles llama «silogismo». El silogismo, lógicamente, supera la proposición que es una conjunción de dos términos inmediatamente unidos.
Representa un momento de reflexión en el cual el pensamiento une un sujeto directamente con el predicado, pero indirectamente o mediatamente, por medio de un tercer término. Está compuesto por ello de dos proposiciones que tienen un término común y de una proposición nueva deducida de las precedentes. Juntando las dos proposiciones: «el hombre es mortal» y «Sócrates es un hombre», se llega a la proposición nueva, obtenida por medio de un proceso reflexivo: «Sócrates es mortal». Éste es el tipo más importante y más común de silogismo, pero no el único.
Aristóteles distingue tres tipos según la posición que adquiere el término medio respecto a las dos proposiciones que sirven de premisa. En el primer tipo, el medio se encuentra una vez como sujeto y otra como predicado. En el segundo tipo el medio es predicado en las dos premisas; en el tercero, es sujeto. El primer tipo concluye afirmando; el segundo, negando; el tercero, particularizando.
Con el análisis del silogismo Aristóteles ha definido el elemento fundamental de la ciencia. Ahora se trata de estudiar el uso y el valor que los silogismos pueden tener en la investigación científica. Este estudio, que se refiere al valor probativo y demostrativo del silogismo, se efectúa en los Segundos Analíticos. El silogismo, en cuanto demostrativo, parte de primeros principios que Aristóteles, refiriéndose a la lógica matemática de Euclides, considera como axiomas.
Éstas son verdades ciertas por sí mismas, y por ello indemostrables; de ellas se deducen otras verdades también necesariamente ciertas, como las primeras; así la lógica aristotélica se desarrolla a partir de un principio anapodíctico, tomado como definición, y a partir de él se desenvuelven todas las concatenaciones ciertas del saber.
A los Segundos Analíticos es menester añadir los Tópicos. Es una obra que se presenta como guía práctica para la discusión. Por esto estudia un tipo particular de silogismo, el silogismo dialéctico, el cual no parte de premisas ciertas, sino de premisas sólo probables. Las conclusiones que se sacan de ellas demostrarán, si son verdaderas, la verdad de las premisas; si falsas, todo lo contrario.
Aristóteles tiene aquí por mira un fin fundamentalmente pedagógico; quiere despertar en los discípulos, sus lectores, la perspicacia dialéctica, y se propone prepararlos para toda posible discusión dialéctica. Enumera todos los posibles artificios que se puedan usar para obtener una victoria en la discusión, sin preocuparse de la verdad o falsedad de la discusión misma.
El tratado de los Tópicos es completado por esto con el de Refutación de los sofismas, en el que Aristóteles se preocupa del problema del error y de todos los posibles silogismos equivocados que, pareciendo a primera vista rigurosamente perfectos, conducen sin duda a conclusiones paradójicas y equivocadas.
Al enumerar los silogismos sofísticos, Aristóteles nos da también la manera de criticarlos y conducirlos a la realidad. Con este tratado se cierra la lógica aristotélica propiamente dicha; es completada, sin embargo, con otros escritos aristotélicos que, a pesar de tratar de otros temas, se refieren también a la lógica; de manera particular es importante para ese propósito la Metafísica.
La fortuna del Organon de Aristóteles fue inmensa: fue la única obra aristotélica estudiada todavía cuando las demás se habían perdido o eran desconocidas. También la lógica moderna se basa, como lógica formal, sobre la lógica aristotélica. [Trad. española de los Tópicos y de la Refutación de los sofismas por Patricio de Azcárate (Madrid, 1879)].
E. Pasini

