El Organizador, Claude-Henri de Rouvroy

[L’Organisateur]. Publicación periódica del economista fran­cés Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon (1760-1825), aparecida en 1819. Es una serie desordenada de opúsculos que tratan de explicar el progreso de la socie­dad en sus factores esenciales.

Es sabido que «el deber perpetuo y único de los go­biernos es trabajar por el bienestar de la sociedad»; para ello es preciso proclamar la necesidad de organizar todas las fuerzas con el fin de conseguir la solución de los graves problemas que atormentan al mun­do; las pasadas guerras de conquista y las presentes luchas políticas indican males de naturaleza económica, que sólo pueden re­mediarse con medidas adecuadas; y sólo organizándose con clarividencia, la sociedad hará «milagros».

El camino de la humanidad puede considerarse como dirigido a la Meca: dos caravanas llevan a ella, el gobierno y la administración. En la Edad Moderna se presenta la necesidad de conseguir direc­tamente el objetivo con el segundo método: antes la sociedad era gobernada por los hombres, ahora es guiada por las ideas.

Se trata, pues, de organizar la constitución de una multitud; para ello hay que asignar a cada miembro una obligación específica de trabajar para el bien por medio de las cien­cias, las artes y los oficios; el acto político más importante «consiste en fijar la direc­ción en la que ha de andar la sociedad».

Semejante tarea no corresponde a los hom­bres investidos de funciones sociales, sino al cuerpo social en sí y ante sí. De este modo se perfila la exigencia de un verdadero industrialismo socialista, donde todo se di­rija a los fines de la colectividad y esté regulado por leyes que trasciendan la obra de los individuos y limiten la misma reali­dad efectiva de un Estado político.

La obra del gobierno se funde con la actividad económica de la sociedad, y extrae de su mis­ma obra de progreso los elementos de su acción. El autor considera luego cómo los gobiernos se esfuerzan en mantener el orden con todo el dispendio de fuerzas que sea necesario, cuando el sistema político no tiende claramente a la prosperidad social; de ahí que se considere a la masa como enemiga del orden.

En cambio, cuando ella comprende la necesidad histórica del orden para el bienestar común, se convierte por sí misma en elemento de progreso y vence a cuantos se oponen a un mejoramiento social. Estos pensamientos de Saint-Simon mues­tran plenamente su actitud socialista, en el sentido originario de la palabra, por el modo con que toda actividad está considerada en el cuadro del bienestar colectivo; es famosa la afirmación de que, suponiendo que en Francia muriesen los mejores de cada cate­goría importante de «productores» en las artes, la industria y el comercio, la nación sufriría un daño mucho mayor que por la muerte del hermano del rey y de insignes personajes de la Corte o por la de carde­nales y prefectos, que sólo producirían un daño sentimental sin detener el progreso de la colectividad.

El Organizador es, pues, importante históricamente por el lugar dado a la economía en la visión social y por la exigencia de .encontrar, en la resolución de los problemas económicos, el remedio a los males políticos de la Europa contempo­ránea.

C. Cordié