[Ouvres]. Publicadas primero en 1621, fueron aumentadas en nuevas ediciones desde 1623 a 1626; una recopilación definitiva se hizo en 1632, preparada por Georges de Scudéry.
Ricas en composiciones llenas de vivacidad y sutilmente elegiacas, estas recopilaciones de Théophile de Viau (1596- 1626) muestran la sencillez de su temperamento artístico; desordenado en sus efusiones, el autor descuida los artificios y las reglas, y se abandona ora a éste,’ ora a aquel motivo de su vida.
Con inmediata sensibilidad canta las bellezas del alba en una oda, «La mañana» [«Le matin»], entre el azul del cielo y el esplendor del sol, cuando toda la campiña goza de la luz. Así el fragmento «La soledad» [«La solitude] hace sentir la emoción del corazón ante el espectáculo de un bosque entre ninfas y silenos de la antigua mitología. Rimadas y melodiosamente musicales son algunas de sus elegías, entre las cuales «A una dama» [«A une dame»], que, junto con alguna rudeza para con los demás poetas de su época, muestra la sinceridad de su inspiración: en la vida todo debe llamarse por su nombre, y sólo así se puede conservar francamente su libertad espiritual.
También la elegía «Cloris, cuando pienso, al verte tan bella» [«Cloris, lorsque je songe, en te voyant si belle»] afirma el esplendor de la vida y la necesidad de estar contentos en toda contingencia. Los motivos poéticos de Théophile, que lograron manifestarse de manera ambigua incluso en el Parnaso satírico (v.), están a menudo animados por viva inspiración; con todo, su obra carece de verdadera unidad, y las actitudes lánguidas y voluptuosas, y las afirmaciones de independencia para con todo magisterio de escuela, acaban por resolverse en un mero juego retórico.
C. Cordié

