Novelas, Francesc Trabal i Benessat

El escritor sabadellense Francesc Trabal i Benessat (1898- 1958) irrumpió en el campo de las letras en 1925 con una pirueta desconcertante: L’any que ve [El año próximo], opúsculo prologado por el poeta Josep Carner, que contenía una brevísima colección de chis­tes ilustrados. Los dibujos eran del propio autor y de sus compañeros de grupo, con los que Trabal formó el pequeño cenáculo literario editor de los libros de «La Mi­rada».

El humor de Trabal, ya desde aque­lla primera manifestación, se reveló como algo nuevo y sorprendente, un humor, al decir de Carner, «indeliberado, difuso, se­creto dentro del automatismo tradicional de las palabras obvias». En 1929, Francesc Trabal publica l’home que es va perdre [El hombre que se perdió], con el que con­firma y amplía las características de su singular humorismo. En esta su primera novela, el escritor presenta el caso de un hombre que tras un desengaño amoroso y creyendo que ha perdido la razón de su vida, se dedica a viajar con el propósito de aturdirse.

Su creciente desazón lo co­loca al borde del suicidio. Pero un día pierde una pitillera de oro, regalo de su ex novia, y así descubre un nuevo sentido vital: perder objetos y tratar luego de recuperarlos. Poco a poco el juego se com­plica, toma dimensiones internacionales, se convierte para Lluís Picábia en una frenéti­ca y vastísima obsesión. Después de las más extraordinarias pérdidas — monjas, minis­tros, palacios reales—, el héroe de la no­vela termina perdiéndose a sí mismo en el más trágico y miserable de los anonimatos.

Su segunda novela fue Judita (1930), his­toria de un idilio que se inicia de manera normal para derivar gradualmente hacia lo grotesco y lo absurdo, hasta desembocar en un desenlace inesperado e irremisible­mente estúpido. En esta obra, el autor se complace en desencantar al lector, en de­fraudar su legítimo interés por la huma­nidad de los protagonistas, deformando paso a paso hasta la caricatura, las almas y los sentimientos. Como ha dicho Caries- Riba, en esta novela «una vez asesinado el mis­terio, la ternura se marchita».

Algún crí­tico emparentó el humorismo de Trabal con el de Massimo Bontempelii, a lo que se podría objetar que el catalán no uti­liza casi nunca el ingenio creador que in­forma la producción del italiano, y carece asimismo de su profundo segundo sentido filosófico y humano, de aquel trasfondo moralizador que puede descubrirse bajo la trama de un humorismo que no se resuel­ve en puro juego. Siguieron después dos novelas poco significativas: Era una dona com les altres [Era una mujer como las demás] y Hi ha homes que ploren perqué el sol es pon [Hay hombres que lloran por­que se pone el sol].

En la primera se narra la vida y milagros de una mujer en de­finitiva vulgar, a través de la conversación entre dos amigos que asisten al entierro de la protagonista; y la segunda relata las triviales y contradictorias aventuras de un marido insatisfecho y sentimental. En una y otra campea un excesivo gusto por lo cómico gratuito y la «boutade» insensata. Un concurso convocado para premiar la mejor novela de asunto deportivo, dio ori­gen a Quo vadis, Sánches?, historieta en la que se satiriza con medios caricaturescos la manía del deporte como trampolín para alcanzar la notoriedad.

En 1936 aparece la novela más importante de Trabal: Vals, va­rias veces reimpresa, y traducida al castella­no, que obtuvo el premio Creixells de aquel mismo año. La narración trata de imitar la estructura de Un vals: está dividida en cinco capítulos encabezados con los títulos que dan nombre a los cinco tiempos de un vals clásico: «preludio», «invitación alvals», «divertimento», «vals» y «final». La composición consigue, en efecto, producir la sensación de un ritmo concéntrico, cada vez más acelerado. El tema del libro es un momento ilusionado, inquieto, lleno de las íntimas turbaciones y del amor naciente y vario de una juventud, casi una adoles­cencia, magnífica.

El protagonista, Zeni, trenza su vals sin desfallecimientos, cada vez con más brío, pasando de unos brazos a otros. Zeni cambia de pareja una y otra vez con alegre frivolidad, enamorado del amor, en un mariposeo vertiginoso. La his­toria no se resuelve, continúa. Zeni se­guirá danzando nuevos valses mientras la ilusión amorosa de que está poseído no le abandone. La novela contiene no pocos elementos autobiográficos, circunstancia que confiere al protagonista y a las diversas figuras femeninas que desfilan por sus pá­ginas un notable realismo apenas atenuado por un hálito de romántica poesía.

En 1947 Trabal publicó en México su última no­vela, Temperatura, en la que el autor trató de dar al humorismo ya revelado en Judita una dimensión mayor y caracteres espec­taculares y cada vez más sensacionales y desorbitados. El resultado no fue muy fe­liz. Trabal ocupa un lugar destacado en la moderna novelística catalana por su actitud audaz e innovadora y por haber creado un estilo propio, directo y sugestivo, en narraciones de tipo ciertamente original, sin precedentes visibles en su área lin­güística.

J. Oliver