El Mundo de las Tinieblas, George R. Gissing

[The Nether World]. Novela del escritor inglés George R. Gissing (1857-1903), publicada en Londres en 1889.

Después de haber hecho fortuna en Australia, el obrero Miguel Snowden vuelve a Inglaterra con su única nieta, Juana, a la que quiere educar entre el pueblo para que, cuando sea rica, pue­da procurar a los humildes el consuelo de quien ha vivido entre ellos y conoce su alma y sus necesidades. Juana crece bajo el peso de esta misión demasiado abruma­dora para sus fuerzas y pide al abuelo que la libre de ella. Entonces, Miguel Snow­den destruye su primer testamento desheredando a su nieta.

En tanto, las cir­cunstancias separan a Juana del hombre a quien ama, Sidney Kirkwood; éste se casa entonces con Clara Hewett, a la cual había amado tiempo atrás. Hija del pueblo, aunque bella e inteligente, Clara se había sentido atraída por el espejismo del teatro, pero la venganza de una rival había trun­cado su carrera. Desfigurada, agriada, des­engañada, no podrá proporcionar a su marido felicidad alguna. También con el hermano de Clara, Bob, se encarniza la for­tuna que no quiere permitir a nadie librar­se de la miseria.

Bob es un joven inteli­gente, un artesano que podría abrirse ca­mino, y se casa siendo muy joven con Pennyloaf Candy, que lo ama sinceramente. Pero, arrastrado por las malas compañías y las apremiantes necesidades materiales, Bob se afilia a una banda de estafadores, es denunciado por sus compañeros, y mue­re después de una trágica fuga. El argu­mento no es en esta obra sino un débil hilo conductor del que Gissing se sirve para presentar un estudio realista de los barrios más pobres de Londres. Ya en De­mos (v.) había tratado la cuestión social, y había afirmado la inanidad de todos los sueños de bienestar colectivo.

En El mundo de las tinieblas, la más trágica de sus no­velas, vuelve a sostener la misma tesis. To­da la obra aparece envuelta en la sombra del más hosco pesimismo; el mal está en ella estudiado y denunciado no para po­nerle remedio, sino sólo por una necesidad de verdad. El cuadro de aquella humani­dad, embrutecida por la miseria y el am­biente en que vive, está trazado con inexo­rable precisión. Los personajes, como por ejemplo, la familia Condy, adquieren re­lieve vigoroso, reforzado por el estilo que, con su constante sobriedad, alcanza a me­nudo carácter científico, en el cual se ma­nifiesta el elemento sociológico siempre pre­sente en Gissing.

Pero la obra demuestra, al mismo tiempo, cómo el escritor, aun conociendo a fondo el ambiente que des­cribe, no consiguió penetrar su espíritu. Ninguna simpatía, ninguna comprensión se trasluce en este estudio, cuidadoso pero ín­timamente frío, de un mundo por el cual Gissing no puede ocultar su instintiva re­pugnancia. Su obra será mejor cuando el escritor se aplique a un ambiente más afín a su verdadero sentir (v. Calle de los muer­tos de hambre y Mujeres sin pareja).

R. Barocas