Mosaicos y Pinturas Romanas de Edificios Eclesiásticos, del Siglo IV al XIII, Joseph Wilpert

[Die römischen Mosaiken und Malereien der kirchlichen Bauten vom IV. bis XIII. Jahrhundert]. Obra en cuatro vo­lúmenes «in folio», consagrada al estudio, reproducción e ilustración de los mosai­cos y de las pinturas cristianas de los edi­ficios eclesiásticos de Roma en el milenio 300-1300, de Joseph Wilpert (1857-1944), publicada en 1917, con 300 tablas en colo­res y 542 figuras en el texto. Edición ita­liana, en el mismo año.

El primero y el segundo volumen comprenden la «Investi­gación general sobre el arte monumental en Roma en la época de Constantino, postconstantiniana y medieval», donde, con gran experiencia iconográfica, se estudian los varios ciclos del arte primitivo cristia­no en los edificios romanos, indagando sus temas y argumentos en los más diminutos detalles representativos: emblemas, trono, púrpura, nimbo, trajes, gestos, etc., de Cris­to y de los Santos; sigue luego la ilustra­ción de los «Más eminentes monumentos eclesiásticos con ciclos de imágenes». Letrán: basílica, palacio y baptisterio, doble iglesia de los Santos Silvestre y Martín; ba­sílicas de Santa Cruz, de San Pedro, de Santa María la Mayor, de San Clemente, de San Pablo, etc. En las «Investigaciones sobre representaciones particulares», se ilus­tran la vida de Jesús, de María, de los evangelistas, de los santos mártires, etc. La exposición de la técnica de la pintura re­producida en las tablas ocupa los volúmenes tercero y cuarto con un estudio detallado sobre las representaciones de Jesús, María y San Francisco de Asís. El epílogo de la vasta obra trata de la «Finalidad de las pinturas religiosas en la concepción roma­na». Aunque inferior, por la profundidad del estudio, a la anterior obra de De Rossi ,la supera por su riqueza en tablas de ilustraciones, de las que H. Leclercq, en el Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne, es­cribió: «Los mosaicos de Wilpert, como sus frescos de las catacumbas, han fijado para siempre lo que se sabe de ellos en lo que de los mismos se ve. Parece imposible al­canzar una mayor perfección».

G. Pioli