Monumentos de las Artes Cristianas Primitivas en la Metrópoli del Cristianismo, Giuseppe Marchi

[Monumenti delle arti cristiane primitive nella metropoli del cristianesimo]. Primera parte, y única pu­blicada, en 1844, de un vasto estudio sobre la arquitectura, las pinturas y las escultu­ras de las catacumbas romanas, del jesuita Giuseppe Marchi (1795-1860). Después de la obra de Bosio (v. Roma Subterránea), ésta señala la primera reanudación de un estudio científico de las catacumbas, <Je las cuales Marchi fue nombrado conservador por Pío IX.

Después de haber llevado a cabo personalmente fructuosas excavaciones en los cementerios de Santa Inés, Calixto y San Hermes, Marchi los rehabilitó como lu­gares venerables y cantera que esperaba ser aprovechada metódica y sabiamente pa­ra obtener nuevas revelaciones. La obra ilustra con 78 grandes grabados los cemen­terios de Santa Inés, de Calixto, con el adyacente de Pretextato; de San Hermes, en la Vía Salaria Antigua, y en el cual Marchi había descubierto, intacta todavía, la tumba del mártir Jacinto. La cripta está reprodu­cida con sus mosaicos y el epígrafe; tam­bién lo están los cementerios de Santa Ele­na, de Calepodio, Pedro y Marcelino, de Trazón y Saturnino (una cripta de tres salas); de Ponciano, con su baptisterio; de Ciríaca, con un grupo de sepulturas entera­mente muradas; de la Vía Ardeatina, con la basílica llamada de San Dámaso; la de los Santos Marco y Marcelino, y otras dos basílicas hallan aquí, después de Bosio, el primer ilustrador serio. De la segunda par­te de la obra se habían ya grabado lo me­nos las planchas hasta la 81; pero sólo seis de ellas fueron publicadas, sin título ni ilustración, porque el autor no se dejó in­ducir por argumentos ni ruegos a ocuparse más en un trabajo que le había causado demasiados disgustos, en un período (los años alrededor de 1848-49) en que hasta su vida había sido puesta en peligro.

Con­tinuador de esta obra fue el joven amigo suyo y colaborador G. B. de Rossi, cuya Roma subterránea cristiana (v.) contiene el desarrollo del programa ya trazado por Marchi. El respeto absoluto a los mo­numentos, la investigación prudente que no deja lugar a la imaginación, la exactitud minuciosa de las descripciones, merecieron a Marchi, a pesar de las lagunas de su formación, el título de «arqueólogo» más que el de «anticuario».

G. Pioli