Moll flanders, Daniel De Foe

[The Fortunes and Misfortunes of the famous Moll Flanders]. Novela de Daniel De Foe (1659-1731), apa­recida en enero de 1722, a continuación de la famosa narración Las aventuras del capitán Singleton (v.).

Moll Flanders lleva uno de los grandes títulos-sumario que tanto gustaban a De Foe: «Las fortunas y las desgracias de la famosa Moll Flanders, nacida en la prisión de Newgate, que du­rante una accidentada vida de ‘tres veces veinte años’, fue, pasada su infancia, doce años prostituta, cinco veces casada (una de ellas con su propio hermano), doce años ladrona, ocho deportada en Virginia, y fi­nalmente se hizo rica, vivió honesta y mu­rió arrepentida, escribiendo sus propias me­morias». El libro figura escrito en 1683. De Foe finge publicar las memorias auténti­cas, por el gusto a la mixtificación, y sobre todo por su connatural tendencia al rea­lismo, que siempre quiere hacer creer en la absoluta autenticidad de todo cuanto na­rra. Esta obra, igual que el Robinson Crusoe (v.), tiene, por otra parte, origen real: De Foe — según expone Schwob — se refi­rió aquí a la vida de una célebre ladrona, Mary Frith, llamada Moll «Quitabolsas» (1584-1659). Sus aventuras, publicadas en 1662, habían ya sugerido a Middleton y a Dekker el drama La joven perdida [The Roaring Girl].

Nacida en la prisión de Newgate, que De Foe conocía bien (por ha­ber pasado allí año y medio), de una conde­nada a muerte que había consentido en dejarse hacer madre para escapar a la hor­ca, Moll fue raptada por unos gitanos, lue­go recogida por la caridad pública y puesta de aprendiza de costurera en una especie de asilo para sirvientas; pero siendo muy inteligente y graciosa, atrajo hacia ella la atención de una rica señora, que la llevó a su casa. En aquella casa había también dos jovencitos; uno la sedujo y se casó con el otro. Al quedarse viuda, encontró como segundo marido a un comerciante noble que luego la abandonó para salvarse de los acreedores. Otra vez libre, Moll hizo creer que era rica, para encontrar marido más fácilmente. El tercero fue un propietario de tierras en Virginia: fuéronse ambos a América, donde Moll descubrió que su sue­gra era su propia madre, que al salir de Newgate fue deportada a Virginia. Su ma­rido era, por tanto, su hermano, y Moll lo abandonó sin descubrirle el secreto de su matrimonio y volvió a Inglaterra. En Bath, ciudad galante, tuvo nuevos amores, casán­dose por cuarta vez. Este nuevo marido era, como ella misma, un aventurero. Ambos cónyuges descubrieron que se habían enga­ñado mutuamente, habiendo cada uno he­cho creer al otro que era un rico partido, pero tomaron bien la cosa. El aventurero, que era irlandés, no tardó en dejar libre a Moll para hacerse bandido.

El quinto marido, fue, por el contrario, un hombre de bien, y Moll no hubiera deseado otra cosa que vivir honrada y tranquilamente; pero quedó pronto viuda. Menos afortuna­da que Roxana (v.), no pudo hacerse con un patrimonio para la vejez; reducida a la miseria, se convirtió poco a poco en una habilísima ladrona. Pero cogida «in fraganti», después de muchos golpes afortunados, terminó en la misma prisión en que había nacido. Entre los compañeros de prisión se encontró con el marido irlandés. Condena­da a muerte, fue indultada y deportada a Virginia con él. Allá encontró a un hijo y pasó años tranquilos; a los setenta vol­vió a Inglaterra sinceramente arrepentida de sus errores, y escribió sus memorias. Moll Flanders tuvo un grande y compren­sible éxito: se hicieron de ella resúmenes en ediciones populares y se intentaron me­diocres imitaciones y continuaciones. Es la obra más extensa de De Foe, y con Lady Roxana (v.), la que mejor se adapta a nues­tro gusto actual. El Robinson se ha conver­tido en una lectura prolija de hechos de los que, en sustancia, todos hemos oído hablar desde nuestra infancia; en Moll Flanders, en cambio, triunfan el rudo rea­lismo y la vitalidad casi animal de De Foe. La prueba de tan inextinguible vitalidad la tenemos en sus numerosas traducciones modernas. [Trad. castellana de F. Gutié­rrez y D. Navarro, 1945].

P. G. Conti