Modesta Mignon, Honoré de Balzac

[Modeste Mignon]. Título de una de las más largas e impor­tantes novelas de Honoré de Balzac (1799- 1850), publicada en 1844. La jovencita Mo­desta, alma apasionada y exquisita en un cuerpo de extremada gracia, vive con su madre en una elegante casita de El Havre, y está estrechamente vigilada por un grupo de fieles amigos de su padre.

Éste, el noble provenzal Carlos Mignon de La Bastie, que tomó parte en todas las campañas napoleónicas, se casó con la rica hija de un barón alemán, y, después de la caída del Imperio, pasó a residir en la ciudad de El Havre, donde amasó en poco tiempo una regular fortuna. Incapaz de soportar el gol­pe de una inesperada quiebra, Carlos Mi­gnon desapareció durante cuatro años para enriquecerse de nuevo en los mares del Sur; pero antes de partir había padecido tanto por la desventura de su primera hija Bettina-Carolina (que logró huir de casa con un seductor indigno y había muerto trágicamente), que se decidió a confiar a unos amigos fieles la misión de preservar a toda costa a su otra hija de todo con­tacto con el mundo hasta que él volviese. Modesta no tiene, en verdad, que repro­charse ninguna intriga culpable. Con todo, ama, exaltada por sus lecturas, al gran poeta Canalis, quien, joven todavía, vive en París, halagado por la alta sociedad, embriagado por sus precoces y persistentes triunfos. La jovencita, por medio de una estratagema, inicia una correspondencia amorosa con el poeta, pero el que con­testa a sus cartas, ingenuamente apasionadas, con misivas no menos rebosantes de arrebatos ideales no es ya Canalis, sino su secretario, el joven Ernesto de La Briére, hombre de mundo, culto y fino, tímido y romántico en lo íntimo de su corazón.

Er­nesto, siempre ocultando su personalidad, ve a Modesta y la ama. Uno de los custo­dios de Mignon, Anne Dumay, sorprende el secreto de la jovencita, va a París a pedir satisfacciones a Canalis, y descubre el en­gaño precisamente por los días en que vuel­ve de la India, nuevamente rico, Carlos Mignon, al cual, en tanto, el enamorado Ernesto confiesa la sinceridad de sus sentimientos, consiguiendo aplacar su enojo y conquistarlo; mientras, por el contrario, Modesta, profundamente ofendida por lo que le parece baja superchería, no quiere saber nada de aquel asunto. Entonces, Carlos Mignon, que ha recuperado las costumbres de gran señor, invita a su casa de El Havre a Canalis (engolosinado con la idea de un riquísimo matrimonio y lleno de curiosidad por el sugestivo personaje de Modesta), y con él su secretario, para que la hija del señor Mignon pueda escoger por sus ojos, concediéndole un mes de tiempo. A los pretendientes se une otro en la persona del marqués de Hérouville, gran señor bre­tón; y en el curso de una brillante suce­sión de fiestas, recepciones y conversacio­nes, Canalis y el marqués hacen ostentación de todos sus méritos, mientras Ernesto, ca­da vez más desesperado, se mantiene en la sombra voluntariamente. Hasta que Modes­ta, después de dejarse atraer sucesiva y mo­mentáneamente por los dos primeros, vuel­ve a él. Obra de limpidez ejemplar a pesar de su lujo de pormenores, Modesta Mignon debe contarse entre las obras maestras de Balzac.

En ella la libre invención noveles­ca y el violento realismo, dos elementos por lo general divergentes en el arte del gran narrador, se funden con exquisita na­turalidad: al apasionado estudio de aquel delicioso y romántico carácter de jovencita, se acompaña el maravilloso retrato de Canalis (para el cual parece que Balzac se haya inspirado en Lamartine), el gran lite­rato mundano mitad genio y mitad histrión, tan elegiaco y sentimental en sus versos como frío calculador y escéptico ambicioso en la vida.

M. Bonfantini