Bajo este título están recogidos cuatro cuentos del escritor ruso Nikolaj Vasil’evic Gogol (1809-1852), publicados en 1835 y que constituyen, como el mismo autor advierte, la continuación de las Veladas en la finca de Dicanca (v.). En éstos no se encuentra ya la delicada poesía de la primera juventud que caracteriza a las Veladas; el escritor ha perdido el ingenuo optimismo de antaño y para encontrar nueva materia de inspiración prefiere dirigirse al pasado, rico en leyendas, de su tierra natal, Ucrania. Mirgorod es una ciudad pequeñísima cerca del río Chorol. «Tiene una fábrica de cuerdas, un horno de ladrillos, cuatro molinos de agua y cuarenta y cinco de viento», dice una acotación que encabeza la primera página del libro; y bajo la égida de Mirgorod quiso colocar Gogol sus cuentos.
El primero, «Propietarios de viejo cuño», narra la historia de dos ancianos cónyuges que, aun viéndose expoliados por el administrador y los campesinos, viven tranquila y serenamente, él comiendo y bebiendo todo el día, y ella encontrando su felicidad en la satisfacción del menor deseo de su marido. Pero la ancianita muere y el marido la sigue después de cinco años transcurridos en continuo recuerdo de ella. Este sencillo asunto está narrado por Gogol con arte fino y delicado, rico en profundos matices psicológicos. «Vij» es, en cambio, una leyenda popular que, dice Gogol, «no he alterado en nada y cuento con la misma sencillez con que la he oído». Un estudiante de filosofía se deja hechizar por una anciana bruja que hace de él su cabalgadura; el estudiante, a su vez, con conjuros, vence a la bruja y, transformándola en caballo, la hace galopar durante tanto tiempo que, agotada, muere al cabo de poco tiempo. La bruja resulta ser más tarde una hermosísima joven, hija de un jefe, cosaco. Al morir ordena que su féretro sea velado por el estudiante.
Durante las tres noches de vela ocurren los prodigios más extraños y horribles. Al fin de la tercera noche, llega Vij en persona, el jefe de los gnomos, cuyos ojos tienen horribles párpados que llegan hasta el suelo. El estudiante muere de miedo. En «Cómo riñeron Ivan Ivanovic e Ivan Nikiforovič» son presentados dos viejos amigos, el primero de los cuales se niega a regalar un fusil al segundo; de ahí una injuria y un proceso que se arrastra durante diez años sin llegar a otra conclusión que la gradual amargura y enfurecimiento del ánimo de ambos. El último cuento (v. Taras Bulba) está unánimemente reconocido como una de las obras maestras de Gogol y ha sido traducido a todos los idiomas. Se narran, la vida y las campañas de un jefe cosaco que del odio contra los polacos hace su religión, y acaba quemado vivo por ellos. Si en los «Propietarios» y en «Cómo riñeron» se afirma la «sonrisa entre lágrimas» que caracterizó el arte del autor del Inspector (v.) y de Almas muertas (v.) y en que el espíritu ruso da un tono particular a la actitud artística de inspiración occidental, «Vij» y «Taras Bulba» son la franca reproducción de una inspiración rusa que, durante el siglo XIX, quizá no volvió a conseguir expresarse con igual autenticidad. No sólo el asunto, sino las mismas formas de la narración se separan de la tradición narrativa francesa, manteniendo en la irregular sucesión de motivos una unidad que es más bien de ambiente evocado que de estructura y que aproxima ambos cuentos a las más antiguas y genuinas expresiones de la narrativa popular rusa. [Trad. española por Irene Tchernowa en Obras completas (Madrid, 1951)].
G. Kraisky

