[Mémoires sur les Cents Jours]. Obra polémica de Henri-Benjamin Constant de Rebecque (1767-1830), redactada «en forma de cartas» y publicada en 1820-1822. Es uno de los más sugestivos testimonios del pensamiento político del gran liberal, porque explica su discutida adhesión al régimen napoleónico, aun después de su largo destierro, y el reciente Del espíritu de conquista y de la usurpación (v.).
Constant explica vigorosamente su obra de político con la compilación del «Acta adicional a las Leyes del Imperio» [«Acte additionnel aux Lois de l’Empire»], con que de manera imperfecta Napoleón se adhería a los principios liberales, pero al afirmar la sincera posición histórica proclama la necesidad de avanzar por el camino emprendido para el bien de Francia y el abatimiento de los privilegios y actos ilegales. Éstos, como fueron dañosos a Napoleón y ya una vez a la Monarquía legítima, pueden provocar nuevos daños a la nación. Partiendo de la misma defensa de su obra de legislador durante los Cien Días, Constant, cada vez más particularmente combatido hasta 1816 y después también por los ultrarrealistas (los famosos defensores a ultranza de los privilegios feudales contra la «Carta»), declara que los adversarios de las instituciones son siempre los mismos; la facción, que ha sido tan funesta en 1814 y en 1815, querría continuar siendo tal en 1819 porque no ha abjurado de sus furores, ni de sus esperanzas.
Al considerar la tentativa de Napoleón de dar, en 1815, libertad a una Francia invadida por antiguos feudatarios y ejércitos enemigos, rinde homenaje al hombre «relegado a una árida roca, y prisionero del extranjero»; pero hay que observar siempre con fe los principios políticos, sin odiar a. los adversarios. Así se esfuerza por demostrar que el retorno de Napoleón de la isla de Elba, fue precisamente originado por el mal gobierno de los ministros de Luis XVIII; el favor que se devolvió con entusiasmo al Emperador, viene a significar la continuidad de la historia, desde la Revolución hasta el Imperio, en su parte más firme: las leyes para el pueblo. Mientras tanto los males de un Napoleón anterior a la fase liberal de los Cien Días renacen ahora con los nuevos defensores de una monarquía absoluta. Odian la carta constitucional, porque quieren suprimir los derechos de los ciudadanos. Las mismas leyes propuestas revelan que ellos quieren renovar las luchas civiles de deprecada memoria. Sin embargo, es menester tener siempre en el corazón el amor de la patria y de la libertad. Por esto Constant afirma haberse propuesto con Napoleón, como ahora con Luis XVIII, obtener el mismo bien de la patria.
En el segundo volumen es notable un homenaje a la grandeza del Emperador muerto mientras tanto en Santa Elena: él fue grande, aunque censurable su sistema. Él intentó alcanzar la libertad con su tentativa liberal; pero lo continúan en lo malo los que hoy abstractamente condenan en él al héroe de la Revolución.
C. Cordié

