[Memorias de um sargento de milicias]. Novela del escritor brasileño Manuel Antonio de Almeida (1830-1861), publicada en 1855.
Es la historia de un calavera de Río de Janeiro, hijo ilegítimo de unos emigrados portugueses (un ujier de tribunal y una vendedora de frutas y verduras). Arrojado de casa de su padre, que vive con otra mujer, Leonardo es recogido por su padrino, un barbero, que se obstina cómicamente en querer hacer de él un sacerdote. Pero el muchacho, que siente la atracción de la vida canallesca, en una de sus bribonadas acaba por caer en manos del policía más temido de la ciudad, el comandante Vidigal. Un grupo de viejas, compadecidas de su suerte, maniobra hábilmente cerca del anciano comandante por medio de una amiga suya de juventud, y consiguen obtener su benevolencia y ayuda hacia Leonardo. Éste, destinado al servicio de Vidigal, con el tiempo es nombrado sargento, primero de granaderos y luego de milicias (tropas de reserva) y por fin se casa con la rica Luisina, que ha quedado oportunamente viuda de uno que la había conseguido abusando de la ingenuidad de la madre de la muchacha.
La novela termina exactamente donde el título parece indicar que empieza, y describe las costumbres coloniales durante la permanencia en Río de Janeiro de Juan VI de Portugal, huido de su país por la invasión napoleónica (1808). Bastante alejada de la atmósfera romántica de la época en que fue escrita, el autor revela notable agudeza de observación y preciso análisis del ambiente, dotes que, interpretadas durante mucho tiempo por la crítica como arcaísmo arcádico, son en cambio testimonio de un sorprendente naturalismo, que hace de la novela un precioso documento de la vida de Río de Janeiro en su fase de tránsito de ciudad de provincias a capital de un país en vísperas de la independencia. El libro, por su sabor amargo y cruda veracidad, hace pensar en la novela picaresca española; el juego de referencias entre «aquellos tiempos del rey» (es la frase inicial de la novela, que se ha hecho popular) y la caída realeza que Almeida describe, revela el tono irónico de la narración, que es una agudísima burla de hombres y costumbres. Con su estilo aparentemente descuidado, el autor retrata de un modo gráfico cosas y figuras. Son de destacar, por asombroso relieve, el personaje del comandante Vidigal y la cómica primera declaración de amor de Leonardo a Luisina.
G. C. Rossi

