Esparcidas en varios periódicos y principalmente en las «Memorias de la Academia de Berlín» y en los «Chemische Annalen» de Crell, el autor, Martin Heinrich Klaproth (1743-1817), las reunió en una obra en cinco volúmenes: Contribuciones al conocimiento químico de los cuerpos minerales [Beiträge zur chemischer Kenntnis der Mineralkörper], publicadas en Berlín de 1793 a 1810, a las que todavía siguió en 1815 un sexto volumen Disertaciones químicas [Chemische Abhandlungen, etc.]. Estas memorias ejercieron una acción renovadora en la química alemana, porque Klaproth fue el primero en defender en aquel país las nuevas concepciones antiflogísticas de Lavoisier. En estos escritos, Klaproth describe las investigaciones que le han conducido a sus principales descubrimientos, entre los cuales están el del «telurio», del «uranio» (1789), del «circonio», del «cerio», del «titanio» y del «glucinio», además de sus análisis de la blenda pícea, de la uranita, la leucita, el crisoberilo, el granito, la olivina, la wolframita, la malaquita, la piromorfita, etc., trabajos clásicos gracias a los cuales — por su novedad en los métodos y pulcritud de investigación — la química analítica dio un paso adelante respecto a lo alcanzada hasta entonces.
U. Forti

