[Mémoires de M. Goldoni, pour servir à l’histoire de sa vie, et à celle de son théâtre]. Publicadas en 1787, en francés, las Memorias de Carlo Goldoni (1707-1793) llegan hasta el año mismo de su publicación, y se cierran con palabras llenas de serena bondad.
Están compuestas de tres partes, respectivamente de 53, 46 y 40 capítulos. En la primera, el autor describe sus años infantiles (y asistimos a la formación de su vocación), traza las figuras de sus padres, recuerda sus estudios, sus primeras tentativas teatrales, sus primeros amores, sus viajes, sus estancias en diversas ciudades, su matrimonio. En esta parte son particularmente notables los capítulos que recuerdan la experiencia de Goldoni abogado, su permanencia en Milán, el encuentro en Génova y el fulminante matrimonio con Nicoletta Connio. En la segunda parte, casi enteramente dedicada a los resúmenes de sus comedias, es interesante seguir la formación, entre las obras secundarias, de sus obras maestras, y conocer la vida de los cómicos italianos, a cuya historia aportan estos capítulos una preciosa contribución. La tercera y última parte está dedicada a su permanencia en Francia, y su valor no reside soló en las observaciones que Goldoni halla ocasión de hacer sobre los actores y el teatro franceses (por ejemplo, su juicio acerca del Misántropo, v., de Molière, en el capítulo quinto), sino también en la pintura de la fastuosa Corte y de sus personajes.
Goldoni, que vivió en París bajo los reinados de Luis XV y de Luis XVI, y en sus últimos años fue profesor, en la Corte, de lengua italiana, nos deja en estas memorias, dedicadas a Luis XVI, una de las más vivaces descripciones de la época que precedió a la Revolución francesa. Sin embargo, por lo general, se ha observado que la última parte tiene menos valor que las precedentes, porque el escritor, a pesar de seguir siendo tan sincero como siempre, se ve obligado a introducir en la narración de su propia vida alabanzas para sus protectores de Versalles. Los méritos comunes a todo el libro son, a pesar de los errores de memoria, la veracidad absoluta de la narración, el escrúpulo de Goldoni en ser fiel a la verdad, hasta en los pormenores menos importantes. La segunda parte es la más importante para la historia del teatro, en especial porque la gran reforma efectuada por Goldoni es vivida en medio de las reacciones de los partidarios de una y otra tendencias. Si el poeta hubiese tenido otro temperamento, esta segunda parte habría sido toda polémica; hace pensar por reacción en el temperamento de un Baretti o de un Alfieri. Pero Goldoni, aun cuando experimenta amargura o dolor, no tiene nunca acentos ásperos. Parece que se esfuerce por ver únicamente el lado bueno de los hombres, y lo mejor de la vida.
G. Falco

