[Materializm i empiriokritizism]. Esta obra filosófica fue redactada por Lenín (Vladimir Oulianov, 1870-1924), de febrero a octubre de 1908. Después de la derrota de la Revolución de 1905, cierto número de intelectuales, miembros del partido social- demócrata ruso, se habían adherido más o menos abiertamente a las teorías de Mach (v. Análisis de las sensaciones) y Avenarius (v. Concepto humano del mundo), que ellos presentaban como la expresión del más moderno «positivismo». Este grupo, al que por un instante se unió el escritor Máximo Gorki, estaba formado por Bogdanov, Lunatcharski y Bazarov.
Contra esta tentativa de «revisionismo filosófico», Lenin intentó mantener los principios fundamentales del materialismo dialéctico. Con esta intención escribió Materialismo y criticismo empírico, que al vigor polémico une la preocupación de ofrecer al lector no habituado a las cuestiones filosóficas una documentación tan clara y completa como sea posible. Para desentrañar la significación del criticismo empírico, Lenín comienza por comparar las tesis con las de los idealistas subjetivos, como Berkeley, y de los agnósticos, como Hume. Demuestra que se trata de un renacimiento del idealismo y no de una «superación» de la oposición existente entre el materialismo y el idealismo. y si tomáis como punto de partida — escribe — que todo lo que existe es sensación o que los cuerpos son conjuntos de sensaciones, no podéis, sin destrozar vuestras premisas fundamentales, llegar a la conclusión de que la física existe independientemente de nuestra conciencia y de que las sensaciones son una función de la materia organizada de aspecto determinado…»
Después de haber analizado las posiciones respectivas del agnosticismo (que no va más allá de las sensaciones y declara que no puede saber nada de su origen), del idealismo (que comienza cuando la filosofía afirma que las cosas son nuestras sensaciones) y de la filosofía kantiana (que comienza cuando el filósofo dice que la cosa existe en sí, pero que es incognoscible), Lenín afirma que los discípulos de Mach y Avenarius se han unido a la escuela de los que critican a Kant por un retroceso hacia el idealismo subjetivo. «Los adeptos de Mach — escribe — critican a Kant porque es demasiado materialista, y nosotros porque no lo es bastante. Los adeptos de Mach critican a Kant el ser de derechas, y nosotros el ser de izquierdas». En efecto, unos exigen de Kant que repudie la cosa en sí, los otros que no haga de la cosa en sí un incognoscible. Efectuando una revisión de los problemas fundamentales de la teoría del conocimiento, Lenin se preocupa menos de señalar las diferencias existentes entre el positivismo y cualquier otra teoría, que de subrayar qué es lo que tienen de común y lo que las distingue de las materialistas.
Insistiendo sobre las diferencias entre el materialismo dialéctico y el relativismo, escribe: «Fundamentar la teoría del conocimiento sobre el relativismo es condenarse irremisiblemente al escepticismo absoluto… La dialéctica incluye, como uno de sus momentos, el relativismo, la negación, el escepticismo, pero no se reduce al relativismo». Refiriéndose a continuación a las obras de la filosofía de las ciencias, tales como las de P. Duhem o Henri Poincaré, Lenin establece la relación que existe, según él, entre una evolución del idealismo y la «crisis de crecimiento» de la física, que provoca una transformación de los viejos conceptos. Finalmente, muestra la unión del relativismo de los discípulos de Mach y Avenarius con la teoría de la «construcción de Dios», que propagaban principalmente Lunatcharski y Bogdanov, con un espíritu análogo al de William James. Dirigiéndose a estos partidarios de una «reconciliación» entre la revolución y el espíritu religioso, Lenin declara: «No sois vosotros quienes abordáis desde vuestro punto de vista, es decir, desde el punto de vista marxista (pues queréis ser marxistas), todas las variaciones de la moda en la filosofía burguesa; es esta moda la que os aborda y os impone sus nuevas producciones».
De este modo, Lenin concluye que un «espíritu de partido» es indispensable en la filosofía como en todas partes y se burla de la admiración exagerada e ingenua por las que se llaman a sí mismas teorías modernas, que no hacen sino reemprender la antigua discusión entre el idealismo y el materialismo. En esta obra polémica, en la que Lenin responde con gran atención a las cuestiones fundamentales de la teoría del conocimiento, el lector encontrará una amplia información sobre los principios del materialismo dialéctico.

