Los Pantalones del Señor de Bredow, A. Häring

[Die Hosen des Herrn von Bredow]. Novela del escritor alemán A. Häring (pseudónimo de Wilibald Alexis, 1798-1871), publicada en 1846.

Estamos en la Marca de Brandeburgo bajo el reinado del Elector Joaquín, y Götz von Bredow es el señor de la ciudadela de Hohenziatz. Este ilustre castellano es un caballero bonachón, gran comedor y bebedor y enemigo acérrimo de los calzones de cuero nuevos.

Los mismos calzones de cuero que lleva son célebres en todo el país, no se los cambia nunca, y su mujer, para poderlos lavar, se los ha de qui­tar a escondidas, aprovechando los largos sueños en que su marido pasa sus borra­cheras.

Cuando los nobles conspiran contra el Elector, Götz no puede tomar parte en la in­triga porque le han robado la preciosa pren­da, y eso precisamente le sirve de coartada el día en que, salvado el Príncipe Elector por Hans Jürgen, enamorado de Eva, la hija de Götz, éste, para verse libre después de peligrosas confesiones, no podría demostrar de otro modo su inocencia.

Aunque las no­velas de Alexis sean más apreciables por las agradables escenas y el dibujo feliz de los personajes secundarios y los tipos bur­lescos, que por la intriga siempre dema­siado historiada y complicada, aquí el re­lato se desarrolla con lineal facilidad: la señora de Bredow, que es sorprendida por el Elector mientras hace la colada y limpia el viejo calzón; la joven Eva y el mismo Gótz von Bredow están tratados con fina pericia e ingenio.

No puede decirse lo mismo de las figuras históricas, en este caso el Elector Joaquín: ni en este volumen ni en el siguiente y menos importante, El hom­bre lobo [Wehrwolf], donde la novela se continúa. Alexis fue el mejor imitador de Walter Scott en alemania; pero su arte tomó consistencia y personalidad cuando se dedicó a la historia de su propio país, como en la presente novela que tiene como fondo la lucha entre el margrave Joaquín y la nobleza de la Marca de Brandeburgo.

Mien­tras un ingenuo sentido del humor salva al relato de caer en lo vago y convencional, el amor del poeta por su tierra y la lúcida intuición de las almas de su gente le dictan de tarde en tarde páginas sabrosas y vivas.

F. Federici.