[De Metris]. Con este nombre nos han llegado varios tratados latinos, de los cuales el más importante, aunque fragmentario, es el de Cesio Basso (siglo I d. de C.). Suplen las partes perdidas las compilaciones de Terenciano Mauro y Atilio Fortunaciano (siglos III-IV d. de C.), que adoptaron la teoría de Cesio Basso. Ésta, en sustancia, no era otra cosa que la tesis varroniana, repetida por casi toda la tradición de los gramáticos romanos; pero en la mentalidad crítica de Varrón, los estudios métricos no tenían aquel carácter formal de las posteriores investigaciones gramaticales, sino la de un verdadero juicio poético. La teoría era la de la derivación: «todos los metros son variables por adición o substracción, por consonancia o metátesis». En estos cambios de los metros de un esquema a otro se reconocía el mismo carácter comprobado en el idioma, carácter arbitrario y natural, ya que la naturaleza daba la norma constante, analógica y racional, mientras el capricho del individuo trataba de romper la natural continuidad de los metros.
En los orígenes de la poesía había un metro heroico, o mejor dicho, el hexámetro dactílico, propio de la epopeya, que había dado lugar más tarde, por sucesivos incrementos o disminuciones, a otros varios metros. Era ésta una tesis histórica y evolucionista que gústala de indagar los obscuros orígenes de un fenómeno y seguirlo en su desarrollo hasta el estado actual. La tesis metodológicamente opuesta era sostenida en cambio por los gramáticos griegos, especialmente por Efestión y era la de las clasificaciones áridas y empíricas, introducidas por los alejandrinos que, aunque habían distinguido en ocho categorías los metros prototipos (dactílico, anapéstico, yámbico, trocaico, coriámbico, antispástico, jónico mayor y menor) no admitían los cambios entre unos y otros, sino que distribuían los metros según su estructura sencilla, compuesta y mixta.
F. Della Corte

