Los Hechos de Eneas, fray Guido da Pisa

Constituyen el segundo libro de la obra La flor de Italia [Il flore d’Italia] (v.) de fray Guido da Pisa, que vivió en la primera mitad del siglo XIV. La composición de la obra tuvo lugar, aproximadamente, entre 1325 y 1340. La intención del autor fue la de venir en ayuda de «muchos que quisieran saber, pero que se encuentran con el impedimento de no haber estudiado», por lo que «yo — di­ce— para utilidad de éstos… trato de tras­ladar del latín a la lengua vulgar algu­nos memorables hechos de los antiguos y especialmente de los romanos, que han ilu­minado todo el mundo con sus hazañas maravillosas». El tema de los Hechos está tomado de la Eneida (v.) de Virgilio, tra­ducida, parafraseada y refundida libremen­te en cuanto a la narración y a los movi­mientos, pero también tratada con un calor de adhesión poética, y con un candor, que la convierten en una obra absolutamente original. Se siente la tentación de afirmar que los Hechos de Eneas son las «florecillas» de Eneas, porque en ellos el tema clá­sico está narrado y tratado con el mismo candor y sentido de lo maravilloso con que el tema franciscano está tratado en las fa­mosas Florecillas de San Francisco (v.).

En la pluma de fray Guido, la historia de Eneas adquiere toda la apariencia y el sabor de una bella fábula, no sólo por la índole del escritor, sino también por su propósito de vulgarizar el tema clásico; propósito pro­gramático consciente, que no permite in­ferir el candor, y todo el tono íntimamente poético de la obra, de la presunta simpli­cidad o primitivismo del escritor. Fray Guido es un escritor culto a su manera, co­noce bien a Virgilio y demás escritores la­tinos, y está perfectamente al corriente de los principios de la hermenéutica medieval, que aplica a la interpretación de los mitos religiosos clásicos y de otras fábulas. Un rasgo interesante de la figura de fray Guido es el gran amor y el detallado conocimiento que revela del poema de Dante, del que se complace en hacer citas abundantes y apropiadas. A él se atribuye un comentario latino de la Divina Comedia y una expla­nación del Infierno en tercetos.

D. Mattalía