Obra del presbítero Félix Varela (1787-1853), que es, sin duda, el primer escritor didáctico notable que aparece en la historia literaria de Cuba. Aproximadamente en la primera década del siglo XIX, desde la cátedra de Filosofía del Seminario de San Carlos de La Habana, renovó los estudios filosóficos en Cuba, «enseñó a pensar», como dice quién fue su principal continuador, Luz y Caballero, y ejerció poderosa influencia en la formación espiritual de la juventud, a la que comunicó su profunda nota ética característica, Varela, escritor de materia filosófica, social y política, con particulares aptitudes para la dialéctica y para el aforismo, además de ensayos, artículos y discursos, redactó tratados en latín y en español, de los cuales el que puede considerarse como más completo y representativo es el titulado Lecciones de Filosofía, cuya primera edición es de La Habana, 1818 y 1819.
La obra se divide en tres partes: Tratado de la dirección del entendimiento, precedida de una breve nota de Historia de la Filosofía; Tratado del hombre, y Tratado de los cuerpos o Estudio del universo. Es un esfuerzo de sistematización de conocimientos de acuerdo con el estado de los estudios propiamente filosóficos y científicos a principios del siglo XIX. Más que por el valor relativo de su contenido, la obra debe juzgarse por su intención didáctica. Es notable la precisión y sobriedad de su prosa, animada a veces, al tratar materias de psicología o de moral, por la nota patética, reflejo del noble y contenido impulso pasional de su autor. Se hicieron de ella numerosas ediciones en América, y sirvió de texto, durante la primera mitad del siglo XIX, en muchos países de habla española. En general, Varela se distingue por su personal eclecticismo — sin vinculación con la tendencia filosófica francesa de este nombre—, por su reacción contra la escolástica decadente, y por su propósito de resolver todo conflicto entre la razón y la fe religiosa en beneficio de ambas.
R. Lazo

