[Des Meeres und der Liebe Wellen]. Tragedia en cinco actos de Franz Grillparzer (1791-1872), estrenada en Hofburg en 1831.
Después del paréntesis historicopatriótico de Vida y muerte del rey Ottokar (v.), Grillparzer vuelve con este drama a un asunto clásico, y recoge un tema más antiguo, casi contemporáneo de la trilogía del Vellocino de Oro (v.).
Pero, como nos dice en su autobiografía, ha querido asociar al mundo clásico griego el concepto del mar como elemento romántico. Y es el mar quien, con su eterno murmullo y con sus tremebundas tempestades, acompaña y constituye el fondo de toda la tragedia.
Hero (v. Hero y Leandro), consagrada como sacerdotisa de Afrodita, símbolo del alma armoniosamente fundida consigo misma, cree poder renunciar serenamente al amor y confía demasiado en su fuerza y en su vocación. Pero cuando por primera vez, pocas horas antes de la consagración, encuentra la mirada de Leandro, que ha venido de Abidos a Sesto para las fiestas en honor de Afrodita, siente herido su corazón por una extraña e inexplicable sensación.
Distraída y aturdida, Hero derrama demasiado incienso en el trípode, y de éste surge una llama alta y devoradora, semejante a la que Leandro ha encendido en su corazón. Sin embargo, Leandro, a quien encuentra más tarde junto a una fuente, la conjura en vano para que le escuche; ella debe respetar su voto, y con palabras conmovidas persuade al joven a que se retire.
Luego es conducida por su tío, también sacerdote, a la torre del templo, su nueva residencia. Una vez sola, Hero vuelve a pensar en Leandro, mientras en la noche el mar se agita dulcemente, y coloca en la ventana una linterna para que su luz sirva de guía a los navegantes.
Dirigido por aquella luz, llega Leandro, después de haber atravesado a nado el Helesponto, y, tras escalar la roca, penetra en la torre. El diálogo de amor que se produce entre ambos jóvenes es quizás uno de los más hermosos de todo el teatro alemán; la pureza de la muchacha, en quien sin embargo se despierta la mujer, el ardor apasionado de Leandro, se funden en sutil poesía.
Hasta que, temblorosa, Hero concede a su enamorado el primer beso. Pero la presencia de un extraño ha sido descubierta, y al día siguiente el gran sacerdote advierte que algo se ha transformado en el alma de Hero.
Trata de distraerla y fatigarla con trabajos pesados, y, por la noche, la muchacha se duerme a su pesar a orillas del mar, mientras el inflexible sacerdote apaga la linterna que, como la noche precedente, debía servir de faro de amor a Leandro.
Una tempestad estalla en el Helesponto, y Hero, al despertarse, encuentra a sus pies el cuerpo inanimado de Leandro, lanzado por el mar a la playa. Desesperada se arroja sobre él y, colocadas las ínfulas sacerdotales sobre los restos amados, expira vencida por el dolor.
El drama cierra el período más fecundo y original de Grillparzer, y la figura de Hero-, con su temblorosa y púdica virginidad y con el naciente ardor de su naturaleza femenina, es indudablemente una de sus creaciones más hermosas.
La aproximación entre el amor de ambos adolescentes y la misteriosa vida del mar, ambos recogidos en el breve tránsito entre la calma y la tempestad, sugirió a Grillparzer una de las interpretaciones más poéticas que el siglo XIX diera del antiguo mito.
C. Zurtini

