Novela del escritor español Pío Baroja Nessi (1872-1956). Pertenece al ciclo de la «juventud perdida», y lleva la fecha de 1934. Aunque en esta obra, como en tantas otras del mismo autor, aparece finalmente lo que podríamos entender por un protagonista, Jaime Thierry, la verdad es que el protagonista auténtico de toda la novelística barojiana es la humanidad: un dramático desfile de tipos y más tipos humanos, cuyas características nos son pormenorizadamente señaladas por el autor.
Sin saber exactamente por qué, al leer Las noches del Buen Retiro hemos pensado en uno de esos fotógrafos ambulantes que instalan su rudimentario cajón sobre el nada airoso trípode en una cualquiera de las puertas que dan acceso al Retiro, y que hacen la propaganda de su oficio «instantáneo» con la exhibición de la profusa galería de retratos de soldados, chachas, buenos burgueses recién llegados a eso, y demás, en espera de otros tantos que la vayan engrosando. Al final, como en el transcurso, de lo que se lee siempre hay amargura, desesperanza, desapacibilidad, no se sabe si solamente social o profundamente humana.
Baroja, incisivo, concreto, pocas veces se permite la divagación (aunque cuando se entrega a ella suele resultar hasta lírico), porque su irónica sonrisa de «vuelta de todo» es la radioscopia mejor aún que la simple fotografía del ambulante fotógrafo que antes dijimos habíamos recordado al leer la novela que citamos. Obra, por lo demás, curiosa e interesante porque nos asoma a un Madrid capital de una España remotísima ya. Quizá sea un buen valor, además de todos los suyos indiscutibles, este de ofrecernos de manera tan absoluta y perfecta el contraste que existe entre la España del 98 y la nuestra, si bien la amargura española no pierde vigencia ni actualidad. Lo que nos falta ahora es aquel Baroja capaz de mostrarla tan descarnadamente.
C. Conde

