Las Miserias del Señor Travet, Vittorio Bersezio

[Le miserie d’ Monsii Travet]. Comedia en cinco actos, en dialecto piamontés, de Vittorio Bersezio (1828-1900), estrenada el año 1863.

Es la pequeña epopeya del modesto empleado piamontés, o mejor dicho, del modesto empleado en general; por la ma­ñana el pobre hombre (Travet o Travetti) no puede tomar su taza de café porque su mujer todavía no se ha levantado, la cria­da ha salido de compras y su hija arregla la casa. Llega tarde a la oficina y se olvida de llamar «cavaliere» al jefe de su sección recientemente nombrado; por tanto, ha de cargar con gritos y humillaciones. Ínterin, un comendador, director general del Mi­nisterio, trata de seducir a su esposa, mien­tras su hija Mariuccia, a hurtadillas, juega al amor con el joven Paolo. El comenda­dor a todos los lleva al teatro, pero el hijo menor, Carlos, arma tan gran alboroto, que se ven obligados a salir; en la casa encuen­tran a Mariuccia y Paolo charlando con el panadero Giacchetta y el escribiente Bar­barotti. A la mañana siguiente el jefe de la sección hace alguna que otra maligna alusión a las relaciones entre el comen­dador y la señora Travetti. Furibundo, éste defiende torpemente el honor de su cón­yuge y le despiden. Finalmente, el hori­zonte se aclara: Mariuccia se casará con Paolo, Travetti arreglará las cuentas del pa­nadero y el comendador desaparece.

Con esta comedia, que llegó a ser proverbial, Bersezio trata de dar vida a un personaje nuevo y a un nuevo ambiente animándolos, en un juego de penumbras, con el en­cuentro, a lo largo de una línea indefini­ble, de lo dramático con lo cómico. Un poco más tarde, Selvatico y Gallina verán su lado patético; más tarde todavía, Piran­dello sentirá su tragedia. Bersezio quedó en una elemental universalidad y por esto, quizá, consiguió atraerse aquella mayoría que veía en Travetti una ayuda para resol­ver en una sonrisa la aventura de todos los días. Garelli se inspiró en esta comedia para su Felicidad del señor Guma.

U. Dèttore