Las Mañanas de Florencia, John Ruskin

[Mornings in Florence]. Obra del crítico de arte inglés John Ruskin (1819-1900), publicada de 1875 a 1877 con el subtítulo Sencillos estudios de arte cristiano para uso de los viajeros ingleses. Comprende seis partes correspondientes a otros tantos itinerarios que ilustran los mayores monumentos del arte del Duecento y Trecento florentinos, en especial, Santa Croce, los frescos de Giotto allí existentes, el amplio ciclo pic­tórico de la Capilla de los Españoles en Santa María Novella, las esculturas del cam­panario del Duomo.

Bajo títulos imaginarios —como «La Puerta de Oro», «La Torre del Pastor» — y con el tono habitual, alterna­tivamente lírico y familiar, Ruskin se ex­tiende en largas y minuciosas descripciones de obras de arte, deteniéndose sobre todo en el análisis de los asuntos desde el pun­to de vista de su significado alegórico y mo­ral. Aunque superado por las recientes investigaciones, especialmente respecto a las cuestiones de atribución (por las cuales, además, Ruskin declara su escaso interés), el libro conserva importancia para la his­toria de la moderna crítica de arte. Mediante una feliz fusión de sensibilidad artísti­ca, religiosa y moral, el autor consigue liberarse de los corrientes prejuicios aca­démicos y comprender plenamente la altu­ra del arte medieval. A través de una con­cepción estética, de fondo moral y declara­damente anticientífica y antiintelectualista, llega a afirmar la perfección ideal, el va­lor profético y educativo del arte del Tre­cento y a colocar a Giotto aun por encima de los maestros del Quattrocento, por la profunda sinceridad ética de su mensaje.

En virtud de una viva tradición popular en la que se perpetúa el genio etrusco, y de una sana disciplina de vida, en la pintura de Giotto se equilibran y concilian acción y contemplación, la vitalidad algunas veces brutal del arte románico y la estilizada abstracción del arte bizantino, el ideal do­méstico pagano y el ideal monástico cris­tiano. En el descubrimiento crítico de la pintura y escultura de la Edad Media ita­liana — ya iniciada por la historiografía romántica y paralela a la revaloración de la arquitectura bizantina y gótica efectuada por Ruskin en Las Piedras de Venecia (v.) —consiste el núcleo más vivo del libro, que ha contribuido con singular eficacia a la difusión del culto moderno de los «primi­tivos». [Trad. anónima (Valencia, Editorial Prometeo, s. a.)].

G. A. Dell’Acqua