Las Crónicas de Biglow, Russell Lowell

[The Biglow Papers]. Obra del poeta y crítico norteamericano James Russell Lowell (1819-1891), publicada con el pseudónimo de Hosea Big­low. Biglow es un aldeano, nacido y edu­cado en Massachussetts, profundamente honrado, prudente, dotado de una mordaz vena satírica, que gusta de disertar sobre las cuestiones políticas del día.

Sus sátiras en verso están escritas con un lenguaje popular brioso y picante, y cada una de ellas va precedida de una larga introduc­ción en prosa. Lowell hace ver que las introducciones son debidas a la pluma del reverendo Homer de Wilbur, quien no se limita a comentar brevemente los versos de su feligrés, sino que gusta de entretenerse en largas digresiones en las que campea una gran ingenuidad unida a un sano buen sentido, un juicio recto y una buena dosis de pedantería. Las Crónicas de Biglow fue­ron publicadas en dos series. Las nueve partes que componen la primera serie apa­recieron entre junio de 1846 y septiembre de 1847, las cinco primeras en el «Boston Courier», las restantes en el «Anti-Slavery Standard». Hosea Biglow y el reverendo Wilbur tratan en ellas cuestiones políticas y electorales inherentes a la guerra con Mé­xico a la cual Lowell era profundamente contrario. La indignación anima las sátiras vivas y mordaces de Biglow, mientras que también en las largas disquisiciones del re­verendo Wilbur no faltan inesperadas y di­vertidas estocadas satíricas.

En la primera serie, Biglow parafrasea en verso dos car­tas de un paisano suyo, Birdofredum Sawin, divertido sinvergüenza, que va a la guerra esperando riquezas y honores y vuelve des­ilusionado y maltrecho, pero dispuesto a presentar su candidatura como presidente de los Estados Unidos. Una segunda serie fue publicada en el «Atlantic Monthly», en­tre enero de 1862 y mayo de 1866, durante la Guerra Civil. La guerra se reconoce aho­ra como necesaria, no sólo para la aboli­ción de la esclavitud (causa que encuentra en Biglow un ferviente defensor), sino tam­bién para mantener y consolidar la unidad nacional. Y en una de sus introducciones, el reverendo Wilbur reprocha amargamente a los ingleses su actitud política hostil y su incomprensión por el espíritu y los ideales de la nueva nación que se afirma a través de la guerra. Biglow ha envejecido, escribe de una manera menos brillante y concisa, tiende a sermonear y a entretenerse en des­cripciones y explicaciones. Pero donde lo considera necesario, no le falta a su sátira el antiguo ímpetu batallador. En la sexta parte de la segunda serie, está llena de vida la escena en la que se le aparece en sue­ños a Biglow su impaciente y puritano pa­dre, que combatió bajo las órdenes de Cromwell y desaprueba todas las indecisiones y dilaciones de la Guerra Civil.

Y Biglow ex­plica hasta qué punto es difícil tomar de­cisiones rápidas y claras cuando se debe tratar con hombres y no sólo con ideas y principios morales. Evidentemente, aunque no lo nombre, Biglow en este punto se re­fiere a la inicial política contemporizadora de Lincoln. El que no conoce dudas ni es­crúpulos morales es Birdofredum Sawin, que el lector encuentra convertido en ciu­dadano del Sur, perfectamente aclimatado y en completo acuerdo con los secesionistas y sus ideas. Los Biglow Papers, comentario de determinados hechos políticos, con el transcurso del tiempo han perdido una gran parte de su interés y actualidad, pero en su tiempo tuvieron un éxito enorme. En la literatura de la Nueva Inglaterra, Biglow no es la primera figura de campesino que discute en dialecto de política, pero es, sin duda alguna, la más brillante, simpática y genial.

L. Jacchia