[Die Braut von Messina]. Tragedia de Friedrich Schiller (1759-1805), estrenada en el año 1803, en la cual dos hermanos, don Manuel y don César, sucumben al destino que pesa sobre su familia.
Se odian a muerte, pero por intercesión de su madre bañada en llanto, Isabel, se reconcilian y, en el ardor de su nueva amistad, uno quiere presentar al otro su prometida Beatriz, la cual precisamente es la amante del otro hermano. Se enciende aún más violento el antiguo odio. Los dos hermanos se matan.
Esta obra tuvo imitadores en las numerosas «tragedias del destino» que se sucedieron a principios del siglo XIX en alemania. Así el Veinticuatro de febrero (v.) de Zacharias Werner, o la Familia Schroffenstein (v.) primera obra de Kleist. El nuevo género hizo furor y Platen lo parodió con la sátira literaria El tenedor fatal (v.). Schiller siempre había tenido, junto con su idea de la libertad, un singular sentido del destino, como se ve en su Wallenstein (v.), creyente en la astrología, y en los monólogos de tantos de sus héroes que se someten ciegamente, en el momento decisivo, a fuerzas superiores.
Quiso acercarse completamente a la tragedia griega cuya esencia era, según su juicio, la fatalidad inexorable, la de los Atridas en Esquilo, la de Edipo (v.) en Sófocles. Enlazar de este modo el fondo más arcano del alma antigua con el sentimiento moderno, llegar a la síntesis de lo clásico y lo romántico, tal era la gran aspiración a principios de 1800. Goethe trata alegóricamente y al mismo tiempo críticamente, esta tendencia en el matrimonio de Fausto con Elena (v. Fausto); y de una manera más simple en sus Elegías romanas (v.), que tienen el mismo fondo literario que La novia de Schiller.
Éste tuvo la genialidad de colocar su acción en Sicilia y de concebir a los hermanos como caballeros normandos. En realidad, Sicilia es una síntesis maravillosa de culturas: recibió la flor de la Antigüedad, de los árabes, de los normandos y de la corte de Federico II. De manera que la unión de las dos épocas, la clásica y la medieval, queda aquí más natural que en la fantástica Esparta de la Elena de Goethe. [Trad. española de Eduardo Mier y Barbery en Teatro completo, tomo III (Madrid, 1883), y de José Yxart en Dramas de Schiller, vol. III (Barcelona, 1909)].
F. Lion
No es el destino, es la desgarradora pintura de los sentimientos, representados con tanta elevación lírica, lo que nos conmueve y nos eleva al mismo tiempo. (De Sanctis)

