[Gustav Sparverts román]. Novela del sueco Per Hallstrom (n. 1866), publicada en 1913. La narración comienza contando las peripecias mezquinas y ridículas que le ocurren a un joven completamente absorbido por el mundo ficticio de sus fantasías.
Profesor del instituto de una pequeña ciudad de provincias, Gustav Sparvert anda a la greña con los muchachos, que en su despreocupada crueldad le hacen pasar muy malos ratos, y con un director autoritario e imbécil. Se evade de este mundo despiadado y mezquino pasando las veladas en una compañía de bohemios capitaneada por un viejo idealista, contento de estar fuera de la sociedad y que en sus buenos tiempos había sido aclamado en Upsala como poeta y orador.
Después de una noche pasada en esta compañía, desmedidamente aficionada a la oratoria romántica y las prácticas báquicas, nuestro protagonista contrae una pulmonía que en un principio parece mortal. Pero supera la crisis, gracias sobre todo a la amigable y maternal asistencia de una joven a la que antes no conocía y que hace nacer en él la alegría de vivir.
Pero cuando Sparvert, un día, a finales de invierno, se levanta por primera vez, convaleciente y reanimado por el cálido fluir de las fuerzas vitales, ella, al verle, le siente extraño; su tarea está ya terminada. Decidida y fría, rechaza la propuesta de amor del hombre al que había salvado; serán buenos amigos y nada más. Así termina la novela de Sparvert, breve pero «pura y bella», dejando un gran sentimiento de vacío.
Entonces el protagonista debe comenzar a vivir sobre la tierra sólida: «las relaciones entre hombre y hombre; he aquí el campo de acción por todas partes extenso y difícil de cultivar», porque hoy ya sabe que el desprecio es estéril y necio. Hallstrom no es un narrador; la invención es descarnada, carente de situaciones y de acción. También los personajes son abstractos, de una sequedad árida; más bien tipos que hombres.
Por eso, la primera parte de la novela, constituida por bocetos caricaturescos, no armoniza bien con la segunda, entretejida de sensaciones delicadamente observadas, reflejadas en estilo claro y preciso, cuidado incluso en el ritmo y no exento de calor. Muchos de estos breves capítulos podrían separarse del conjunto, y considerados en sí mismos, seguramente ganarían.
Dentro del escritor se descubre al moralista, que voluntariamente ha tomado como materia de su libro el caso digno de compasión de un hombre modesto, que lleva el nombre real, y no ficticio, y por esto tan poco altisonante de Gustav Sparvert, cuya máxima es la de vivir laboriosamente en el mundo de los hombres. Aparecida a comienzos de siglo, esta novela muestra bien la nueva disposición de los espíritus en Suecia.
Comenzaba entonces a separarse del mundo fabuloso y lírico de Lagerloí, del exotismo precioso y de la estilización heroica de Heindenstam. «Basta mirar — dice Hallstrom al final de este libro — a fondo y humildemente, y todo parece importante y nada demasiado pequeño para ser olvidado». La materia preciosa, las poses heroicas, son abandonadas por la nueva literatura. Queda, feliz herencia de la generación inmediatamente anterior, una severa disciplina formal.
V. Segre

