Historia Gothica, Rodrigo Jiménez de Rada

Obra del arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada (n. en­tre 1170 y 1180, m. en 1247), que representa un paso muy importante en la historiogra­fía española.

El autor, sabio y políglota, afamado por ello fuera de las fronteras, fue además activo partícipe en la política — defendió esforzadamente el poder real y la unión de Castilla y León —, así como en las guerras contra los moros — fue el alma de la cruzada de las Navas y por su cuenta ayudó en otras conquistas. Fernando el Santo le encomendó una historia nacio­nal, como poco antes doña Berenguela al Tudense. Compuso, pues, su Historia Gothica, también llamada Rerum in Hispania gestarum Chronicon, en la que alcanza a 1243, siete años más que don Lucas. Su concepción es muy diferente. Él desliga to­talmente la historia nacional de la univer­sal y busca, además, una cierta unidad, para lo que personifica al pueblo hispano en los visigodos. De los demás ocupantes de la Península se ocupa en opúsculos inde­pendientes, complementarios de la obra ca­pital. Hace así una Historia Romanorum, limitada casi exclusivamente a lo que se relaciona con España; una brevísima Ostrogothorum Historia, desde la muerte de Atila hasta Totila; otra dedicada a los hunos, vándalos, suevos, alanos y silingos, y, en fin, la más importante, la Historia Arabum, desde Mahoma hasta su tiempo.

El tratar aparte de todos estos pueblos le permitió hacer una narración seguida, que inicia con siete cortos capítulos sobre la historia pri­mitiva — fabulosa, claro es —, sigue con la fantástica serie de reyes que a los godos antehistóricos asignó Jordanes, y expone luego el período visigodo-español y la sub­siguiente monarquía astur-leonesa-castellana, con inserción, en los momentos que conviene, de las genealogías reales de Na­varra, Aragón y Portugal. Huelga decir que la parte más interesante es la final, en que el historiador conoce mucho por sí mismo. Para lo anterior usó de casi todo lo que podía serle útil, mencionando él las fuentes en el prólogo, si bien hay una vaga indi­cación final — «et aliis scripturis» — que parece englobar las crónicas de la Recon­quista. Dos grupos de fuentes avaloran es­pecialmente la obra: las arábigas, que es el primero en conocer por extenso, y los can­tares castellanos. Supo también fundir sus materiales en un latín muy superior al de los historiadores precedentes. Estas y otras excelencias, imposibles de detallar aquí, ex­plican bien la calurosa acogida que tuvo no sólo en Castilla, sino en los demás rei­nos peninsulares.

B. Sánchez Alonso