[Histoire des dogmes dans Vantiquité chrétienne] del abate Joseph Tixeront (1856-1925), publicada en 1904, se limita a la época antigua y llega hasta el siglo IX, con sólido conocimiento de los textos y amplitud de miras en la estructura general, no sin evidente influencia de Harnack, del que se ha propuesto, para el período tratado, ser en cierto modo el revisor. Mantiene la distinción entre las corrientes de pensamiento y las fórmulas que han sido sancionadas por la Iglesia y las que han sido rechazadas como heterodoxas o heréticas; se preocupa de demostrar la continuidad y coherencia del desarrollo doctrinal, para presentar las fórmulas sucesivamente adoptadas como progresivas precisiones de una proposición inicial única antes que como innovaciones extrañas. Se reconoce el influjo de la filosofía griega, pero no hasta el punto de que los dogmas puedan reducirse a simples filoso- femas; la actividad reflexiva de los teólogos es cuidadosamente distinguida del objeto sobre el que se ejerce, el cual la precede y la condiciona, imponiéndole ciertas leyes y límites. Esta obra, que lleva el «imprimatur» eclesiástico, ha familiarizado a los centros eclesiásticos conservadores con la idea del desarrollo dogmático y ha contribuido notablemente en muchos espíritus a la conciliación entre crítica histórica y lealtad ortodoxa durante la crisis modernista.
M. Bendiscioli

