Historia de los Bandos de Zegríes y Abencerrajes o Guerras civiles de Granada, Ginés Pérez de Hita

Obra histórica del escritor español Ginés Pérez de Hita (15449-1619?), en dos partes, publicadas, respectivamente, en 1595 y 1604. La primera parte trata de la fundación de Granada y enumera todos sus reyes. Al llegar al 17.°, Abén Dosmín el Cojo, la narración se hace más rica, asu­miendo incluso tonos novelescos. Son am­pliamente descritas las luchas del último rey de Granada, Boabdil (Abul Abdullah), llamado también «el Rey Chico», contra su padre Muley Hasán o Mulahacén, quien, abandonando a su primera esposa, Aixa, madre de Boabdil, había llegado a ser un instrumento en manos de la nueva favo­rita, la española Isabel de Solís, que se había convertido al islamismo con el nom­bre de Zoraya (Estrella del alba).

Después de haber consignado los nombres y los méritos de las principales familias musul­manas de Granada, describe el duelo entre Muza, hijo bastardo del rey Mulahacén, y el Maestre de Calatrava (jefe de los caba­lleros cristianos), que concluye con recí­procas afirmaciones de amistad. Narra luego la lucha sangrienta entre las dos familias rivales de los Zegríes y los Abencerrajes, y añadiendo a esta rivalidad varios episo­dios guerreros y famosos duelos, la conduce hasta la ruina de los Abencerrajes, calum­niados por los Zegríes y acusados de que­rer adueñarse del poder. Boabdil, el rey, después de cierta vacilación, mandó dego­llar a traición a los mejores de aquella estirpe en el Patio de los Leones de la Alhambra (y aquí el autor altera la historia atribuyendo al Rey Chico la matanza, que fue, en cambio, obra de su padre Mulaha­cén). Así, el pueblo de Granada se dividió en tres partidos; uno seguía al viejo rey, otro a Boabdil, y el tercero al goberna­dor. Los Abencerrajes, viendo que les era imposible seguir viviendo en Granada, decidieron hacerse cristianos y refugiarse en las tierras del rey Fernando el Católico, que más tarde ocupó Alhama, y, persi­guiendo al fugitivo Rey Chico, logró capturarle, devolviéndole la libertad con hu­millantes condiciones. El autor finaliza esta primera parte describiendo el sitio de Gra­nada por parte del Rey Católico, que, des­pués de fundar Santa Fe, ocupa la ciudad el 2 de enero de 1492, mientras Boabdil, tris­te y avergonzado, se refugia en África, don­de muere oscuramente.

La segunda parte, históricamente más atendible, aunque me­nos interesante, narra la rebelión de los mo­riscos en la región de las Alpujarras (1568- 1571), campaña en la que participó el autor. Ginés Pérez simula, según la costumbre de los escritores de obras de caballería, haber traducido las Guerras civiles de Granada de un imaginario cronista árabe, Abén Ha- mín. Seguramente tuvo como fuentes al­gunos «romances fronterizos» del siglo XV y otros «moriscos» más recientes, intercala­dos en el texto; se valió de unas crónicas cristianas de los siglos XV y XVI, de entre las cuales son las más importantes las de Hernando del Pulgar y de Esteban de Garibay, y se sirvió también de las tradiciones orales, numerosas en un período en que la vida de aquellos lugares aún latía de re­cuerdos árabes. El autor, que escribió la obra en un estilo pintoresco y popular, atri­buye de una manera fantástica a los moros costumbres y caracteres de la Caballería, con unas descripciones que impresionan la imaginación, a veces en perjuicio de la ver­dad. La obra se divulgó mucho por toda Es­paña, donde hizo famosos los varios ro­mances intercalados en el texto, como: «Abenámar, Abenámar, moro de la more­ría…» y «De tres mortales heridas, de que mucha sangre vierte…» y proporcionó temas a numerosos escritores dramáticos.

G. Lupi