Historia de la Vida del Hombre, Lorenzo Hervás y Panduro

Obra del escritor español Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809), publicada en siete volúmenes, en Madrid, entre 1789 y 1799. La edición fue pródiga en incidencias. Apa­recidos los dos primeros volúmenes en 1789, una Real Orden de 1790 prohibió su venta y la publicación del siguiente, que no apareció hasta 1794. Los volúmenes res­tantes, censurados por la Real Academia de la Historia, aparecieron entre 1796 y 1799. El extravío de unos cuadernos del manuscrito, que Hervás enviaba, desde Ro­ma, a la imprenta, motivó que en el volu­men séptimo apareciesen 336 páginas que ya habían sido editadas en el anterior. Asi­mismo, el manuscrito de un último volu­men fue censurado desfavorablemente y no pudo ser publicado. Por otra parte, en los capítulos dedicados a estudiar la vida social del hombre en su virilidad, los cen­sores le obligaron a suprimir determinados párrafos y dos capítulos íntegros, el ter­cero y el cuarto.

El contenido de la obra es ordenado en seis libros que versan res­pectivamente sobre la «Concepción del hombre y su estudio hasta su nacimiento», «Infancia del hombre», «Niñez del hombre», «Pubertad y juventud del hombre», «El hombre en su virilidad» y «Vejez y muerte del hombre». En ellos, Hervás analiza tres temas fundamentales: edades por las que transcurre el existir humano desde el mo­mento de su concepción hasta el de su muerte; normas que deben regir su edu­cación, y dimensión social y religiosa de la personalidad humana. Según Hervás, las edades del hombre son cinco, o seis, si te­nemos en cuenta el período de existencia intrauterina. La primera edad, o infancia, comprende el primer septenio de la exis­tencia humana. La segunda, o niñez, «en los varones — escribe Hervás — dura otro septenio; y solamente cinco años en las hembras». La pubertad abarca de los quin­ce a los veintiún años; la juventud, de los veintiuno a los veintiocho. El hombre entra entonces en la virilidad, estado de máxima perfección, pues alcanza en él la plenitud de su desarrollo orgánico, de sus funciones psíquicas y de su formación cultural, moral y civil. Cierra el curso natural de la vida humana la vejez, cuya última fase, o de­crepitud, «es más animal que humana», siendo entonces su existencia meramente «natural», semejante a la de la vida del hombre en su primer período o infancia.

Finalmente, dedica unas amplias considera­ciones sobre la muerte. En cuanto a los principios educativos propugnados por Her­vás — típicos de su tiempo — tienen, en su proyección moral, una doble vertiente: «uno mira a formar el espíritu humano se­gún las leyes y costumbres racionales de la ciencia civil y política; y otro mira a formarle según las máximas que dicta la razón y con nueva perfección enseña la religión». En cuanto a la formación espe­cíficamente cultural, Hervás afirma que «no hay persona que para ser útil miembro de ésta [la sociedad] no necesite alguna ins­trucción científica». De la importancia que el autor concede a esa formación cultural, civil y religiosa es una prueba evidente el hecho de que dedicase a su desarrollo los volúmenes segundo, tercero y cuarto, que constituyen una verdadera enciclopedia de cuantos aspectos del saber deben integrar el cúmulo cultural del hombre llegado a su virilidad. Por último, Hervás trata de las dos dimensiones constitutivas de la personalidad humana: la coexistencia so­cial en las distintas edades del hombre y la vida trascendente.

J. Molas