Historia de la Física, Johann Christian Poggendorff

Lecciones des­arrolladas en la Universidad de Berlín [Geschichte der PhysikVorlesungen gehalten an der Universität zu Berlin]. Obra de Johann Christian Poggendorff (1796-1877), publicada póstumamente en Leipzig (1879), por Fr. W. Barentin. En el breve prefacio dice Barentin que el libro recoge sin va­riaciones notables, las lecciones de historia de la Física que Poggendorff explicó du­rante largos años en la Universidad berli­nesa y cuya publicación fue solicitada in­útilmente. Poggendorff respondía que el libro, para ser adecuado a la edición, de­bía ser sometido a una revisión crítica que no había tenido tiempo de hacer. Es pre­ciso reconocer, sin embargo, que, aun sin los complementos y las correcciones que el autor habría aportado, el libro merecía los honores de la publicación y que, por otra parte, habría sido sustancialmente como Barentin lo publicó.

Se trata, en realidad, de una historia de la Física sin grandes pretensiones de originalidad, pero amplia­mente informada y que se lee, todavía hoy, con interés, si bien, teniendo en cuenta los grandes progresos que la historia de la Fí­sica ha hecho en los últimos años, las lec­ciones de Poggendorff son defectuosas en diversos puntos. El traductor francés de la obra, De la Quesnerie, observa que algunas de las afirmaciones de Poggendorff, refe­rentes a los físicos franceses y especial­mente a Descartes, son inadmisibles; pa­recidas reservas podrían hacerse respecto a los físicos de otros países; así, los polacos deberían protestar de que Poggendorff con­sidere a Copérnico como indudable alemán; pero es preciso reconocer, lealmente, que el autor no es nacionalista por principio. Cabe subrayar el hecho de que Poggendorff inicia su curso diciendo que se propone exponer el desenvolvimiento de brillantes conquistas debidas al exclusivo poder del espíritu y no a la fuerza brutal de las ar­mas. El autor distingue en el desenvolvi­miento de la física, aparte algunas fluctua­ciones, cuatro grandes épocas: la Antigüe­dad, la Edad Media, el Renacimiento y los tiempos modernos. El primer período po­dría también llamarse griego puesto que comprende especialmente los trabajos de los griegos, hasta la conquista de Alejan­dría por los árabes, en el año 640, con la consiguiente ruina de la Academia.

El se­gundo período comienza con el desarrollo de la cultura árabe en el mundo, y se pue­de subdividir en dos tiempos: el primero puramente árabe, que alcanza desde la mi­tad del siglo VIII hasta mediados del si­glo XI; el segundo, medieval, que se ex­tiende hasta fines del siglo XVI. El período del Renacimiento podría comenzar con Copérnico, pero es preferible iniciarlo con Galileo, que es físico y no solamente astró­nomo, como Copérnico, y el verdadero fun­dador de la física, si este título puede darse a un solo hombre. Con Galileo y por mérito suyo, comienza el estudio atento de la naturaleza mediante la experiencia y el análisis matemático, y este método, apli­cado a la mecánica y a la óptica conduce rápidamente estas dos ramas de la física a la perfección que les darán Huygens y Newton. Este período se puede subdividir en cuatro tiempos: el italiano o galileano, el anglofrancés o newtoniano; el tercero se podría denominar postnewtoniano, en cuanto Newton continúa siendo la clave de la física; el tiempo que Poggendorff consi­dera como último, alcanza hasta la inven­ción de la pila eléctrica, y está caracteri­zado por nuevos campos de estudio (electri­cidad, magnetismo y química). La ciencia se enriquece con nuevos hechos, logrando una amplitud imprevisible en las direccio­nes más diversas y asumiendo una forma completamente nueva.

Son numerosas las interesantes observaciones que se hallan en la historia de Poggendorff, y ello es na­tural ya que el autor fue un físico culto y destacado. Incluso se podría sostener, aten­diendo a la línea general de su pensamien­to y no a los detalles, que Poggendorff es historiador sin errores. Poggendorff razona a veces, pero en primer término puede apreciarse que su juicio aparece lleno de buen sentido, sin ser profundo, y en muchos casos parece no darse cuenta de ello. La parte más feliz de la exposición es la que dedica a historiar las diversas invenciones, como la de la pólvora o del reloj. Enton­ces se tiene la sensación de hallarse en contacto con la verdad. Los inventos son para Christian Poggendorff las más vivas de las ideas.

S. Timpanaro