Historia de la Astronomía, Jean – Baptiste – Josep Delambre

[Histoire de l’Astronomie]. Obra de Jean – Baptiste – Josep Delambre (1749- 1822), en cinco volúmenes, dividida en tres partes: Histoire de l’Astronomie ancienne (1817, en dos volúmenes); Histoire de l’Astronomie du Moyen Age (1819, en un volu­men); Histoire de l’Astronomie moderna (1821).

Esta Historia, posterior a la de Billy, la supera con mucho por la riqueza de ma­terial, por su contenido analítico y rigor científico, siéndole inferior por el estilo, menos atractivo, y por un exceso de des­arrollo de fórmulas, las cuales, aunque es­trictamente conexas con el problema astro­nómico, sobrepasan el criterio neta y rigu­rosamente histórico. El primer volumen de la astronomía antigua comienza con un dis­curso preliminar, con un índice alfabético de materias y nombres y con un índice de los capítulos. Está dividido en dos libros: en el primero, el más importante, el autor ofre­ce la historia de la astronomía griega desde los primeros filósofos hasta los tiempos pos­teriores a Tolomeo, acerca del cual se tra­tará con mayor extensión en el segundo vo­lumen, insistiendo más en el desarrollo de los más importantes problemas astronómi­cos. En el segundo libro del primer volu­men, se hallan las observaciones astronó­micas de los chinos y de los hindúes. La astronomía de la Edad Media está subdividida en tres libros. El primero, después del discurso preliminar, el índice alfabético y el de los capítulos, comprende los trabajos de los árabes y de los persas; el segundo, los de los europeos con los nombres de Al­fonso el Sabio, de Regiomontano y otros; se pasa de este modo el límite comúnmente asignado a la Edad Media, pero con criterio más científico se llega a la época de los grandes iniciadores de la astronomía mo­derna.

Ésta se halla dividida en dos volú­menes. El primero, después del discurso preliminar y el índice alfabético, comprende la reforma del calendario, los trabajos de Copérnico, de Tycho Brahe, de Kepler, de Galileo y de otros menos importantes; en el segundo volumen son examinados Clavio, Bonilliand, Descartes, Riccioli, Hevelius, Huygens, Picard, Roemer, La Hire, Cassini y otros. Aquí termina la obra. Quedan de este modo excluidos Newton y sus suce­sores hasta Laplace, contemporáneo de Delambre; es decir, no es estudiada la parte que trata de los problemas fundamentales de toda la mecánica celeste, y que hubiera requerido una mole de trabajo que enton­ces no era posible llevar a cabo. En el dis­curso que precede a la historia antigua, Delambre, aun reconociendo los méritos de la historia de Bailly, la combate en aquella hipótesis, en realidad arbitraria, de la exis­tencia de una civilización muy anterior a los caldeos y de la cual se han perdido las huellas, pero que había proporcionado a éstos elementos muy desarrollados y co­rrectos de una astronomía de posición. Los discursos preliminares resumen a grandes rasgos el programa de toda la obra, po­niendo de relieve los argumentos princi­pales, el valor y la importancia de las ob­servaciones que han señalado un progreso, mediante una crítica casi siempre justa y serena, pero a veces no muy objetiva sobre el astrónomo discutido.

Tiene razón Delambre cuando hace notar: «C’est done par Copernic que le mouvement de la Terre a été réellemente introduit dans l’Astronomie, et non seulement dans les disputes de l’école», porque al confrontar la obra po­sitiva de Copérnico con la vaga e indeter­minada de sus presuntos precursores grie­gos, añade: «L’idée du mouvement de la Terre n’avait rien produit chez les anciens, parce que jamais elle n’avait été prise sérieusement en considération par leurs astronomes… Les Grecs étaient grands métaphysiciens et grands discourreurs… Il suffisait qu’une école professât une doctrine, pour que l’école voisine embrassât l’opinion contraire». De Tycho Brahe, el reformador de la astronomía de posición, afirma: «Comme observateur, Tycho s’éleva fort au-dessus de tous ceux qui l’avaient précédé. A ce titre, joignez ses recherches théoriques sur la Lune et les comètes, et son nom vous paraîtra digne d’etre placé à la suite de ceux d’Hipparque., Ptolémée et Copernic». Entu­siasta de Kepler, añade: «Il est peu de vies aussi remplies que celle de Képler; il en est peu qui aient été signalées par des découvertes aussi importantes et aussi inattendues». Recordando en particular la ab­juración de Galileo, la justifica con razones ponderadísimas.

Admite que Descartes no era astrónomo, pero concede demasiada im­portancia a ciertas especulaciones de aquel ilustre físico y matemático, y le acusa de no haber producido en el campo de la as­tronomía más que quimeras. Pero cuando se trata de hipótesis constitucionales o fun­cionales, que no han recibido la sanción de una aplicación métrica, una hipótesis puede valer tanto como otra; y la hipótesis de la acción a distancia implícita en la mecánica celeste de Newton, si no se reforzase con la ley métrica de la gravitación universal seguiría siendo una quimera, como la de los torbellinos cartesianos. Pero aparte de cier­tas críticas no siempre justificadas, cierta inconexión en el conjunto de la obra y cierta desproporción en algunos temas, no hay duda de que la Histoire de l’Astronomié no ha sido todavía superada.

P. Pagnini