Historia de la Academia Francesa, Paul Pellisson y Pierre-Joseph Thoulier d’Olivet

[Histoire de l’Académie française]. Obra de Paul Pellisson (1624-1693), publica­da en 1653 y continuada por Pierre-Joseph Thoulier d’Olivet (1682-1768), en 1729.

La parte escrita por Pellisson llega hasta 1652 y registra las vicisitudes de la ilustre Aca­demia en sus comienzos y en sus primeros trabajos. Reunidos oficialmente en 1635, por deseo de Richelieu, cuarenta literatos ini­ciaron su labor para hacer más pura y cla­ra la lengua francesa mediante la compila­ción de un vocabulario: su programa tendía a guiar la formación del gusto, así como a redactar una Retórica y una Poética. Pellis­son narra las diversas vicisitudes de la entidad, recoge memorias y testimonios y traza perfiles de diversos académicos, entre los cuales son notables los de Vaugelas y Voiture, Saint-Amant, Scudéry y Du Ryer. Prosiguiendo la narración, de 1652 a 1700, D’Olivet, que asistía a las sesiones de la Academia y recogía sus memorias, afirma que su narración comienza en una memo­rable época de la entidad, con anterioridad no bien valorada, a la aparición del Cid (v.) y el del juicio de la máxima institu­ción cultural de la nación sobre una obra, en apariencia, tan desigual.

D’Olivet re­cuerda, entre los acontecimientos más no­tables, la donación de la reina Cristina de Suecia de un retrato suyo (1654) y su visita en 1658, los premios destinados a la Aca­demia por el Rey Sol y los encargos he­chos por el rey a Colbert acerca de los trabajos y recompensas de los académicos. Son muy importantes las semblanzas de varios académicos, por las valiosas infor­maciones biográficas sobre La Fontaine,. Corneille, Perrault, La Bruyère y Racine, así, como sobre Guez de Balzac, Boisrobert, Racan, Chapelain, Quinault, Benserade, Huet, Bussy-Rabutin. Una lista de los académicos y de sus protectores (por ejemplo, Riche­lieu y el Rey Sol) completa la obra de D’Olivet, que, extendiendo la investigación de su predecesor, confiere a la historia de la Academia un carácter si no estrictamente científico, sí perfectamente en consonancia con el gran desarrollo de la corporación en tiempo de Luis XIV.

C. Cordié