[Storia d’ltalia nel medio evo]. Esta obra de Carlo Troya (1784-1858) fue publicada en 1839-1859 en cinco volúmenes (el último póstumo) divididos en dieciséis tomos. En realidad comprende sólo la historia italiana de los primeros siglos de la Edad Media. El primer volumen, que el autor considera como «fiel» a la historia italiana, trata de «los pueblos bárbaros antes de su llegada a Italia». Troya se propone trazar un amplio cuadro etnográfico de la Europa antigua y reúne gran cantidad de noticias de los escritores, especialmente clásicos, pero con crítica insuficiente. Fiel a la cronología mosaica, permanece incrédulo ante los lingüistas contemporáneos que afirman la unidad indogermánica. Distingue agudamente a los godos, que no carecen de luces de civilización, de los rudos germanos y pone en evidencia la diversidad entre las instituciones jurídicas de unos y otros, pero llega incluso a negar la afinidad originaria étnica y lingüística de ambas estirpes, mientras (como otros antes que él) identifica a los godos con los antiguos getos. El último tomo de la primera parte es casi una anticipación sobre tiempos posteriores: es decir, un discurso sobre «las condiciones de los romanos vencidos por los longobardos»; problema sobre el cual, algunos años antes, había llamado la atención Manzoni en el «Discurso» adjunto a Adelchi (v.).
El estudioso napolitano, interpretando con sutileza jurídica las leyes longobardas y los muchísimos documentos que conoce (y recoge más tarde en el «Códice Diplomático Longobardo» que forma el IV volumen de la Historia), cree poder afirmar que los vencidos en su mayoría fueron reducidos al estado de semilibres, o sea, de «aldi», casi colonos de los vencedores, perdiendo toda sombra de ciudadanía romana, todo magistrado de su propia nación y todo uso público de las antiguas leyes. Afirmaciones éstas sobre algunas de las cuales no se ha dicho aún la última palabra. En el segundo y tercer volúmenes el autor narra las vicisitudes de Italia desde la caída del Imperio de Occidente hasta Alboino, sin perder de vista la historia eclesiástica ni la de los países transalpinos, en cuanto enlaza más o menos directamente con la italiana. Aquí narra en lugar de discutir, y el relato procede ceñido, más seguro y legible que en la primera parte. La obra está completada por suplementos o apéndices, entre los cuales es notable una disertación sobre el Veltro de Dante. Troya es de admirar no sólo por la erudición amplísima y por la diligencia en las investigaciones de archivo, sino también por su estilo nervioso y fuerte. Amante de la patria, sinceramente católico, es uno de los mejores representantes de la tendencia güelfa, y así se manifiesta en sus escritos.
G. Seregni

