Heautontemorumenos, Terencio

[El que se atormenta a sí mismo]. Comedia de Terencio (185?-159 a. de C.), escrita y re­presentada en 163.

El protagonista, Menedemo, es un padre anciano que se somete a los más rudos trabajos para castigarse por haber obligado con sus reprensiones a su hijo Clinias, a huir de su casa y hacerse soldado, enamorado de una joven sin dote. Pero Clinias ha vuelto, y es huésped de Clitifón, hijo de Cremes, amigo de Menedemo, el cual se propone advertir acto seguido al anciano padre. Los dos jóvenes, en tanto, no pierden el tiempo y envían a sus criados Siró y Dromón a llamar a sus amadas: Antifila, la joven sin dote, amiga de Clinias, y Baquis, la pródiga cortesana, amiga de Clitifón. Esta duplicidad de per­sonajes no puede por menos de ocasionar equívocos, y el viejo Cremes es la primera víctima de ellos. De las dos mujeres que en­tran en su casa, él cree que Baquis, la cortesana, es la amiga de Clinias, y por ello previene en seguida al anciano Menedemo la nueva insensatez que está a punto de cometer su hijo. Los dos ancianos llegan a la determinación de que no hay que poner impedimentos a los jóvenes en sus deseos: con todo, es menester disimular ante sus ojos esta condescendencia. Después, Cremes aconseja al esclavo Siró que vaya a sacarle a su amigo Menedemo el dinero que nece­sita Clinias para su amada; pero Siró, más pillo, consigue enredar al propio Cremes, y obtiene las diez minas que Clitifón debe todavía a Baquis.

Un reconocimiento viene a turbar toda la acción: Sóstrata, la esposa de Cremes, reconoce por medio de un ani­llo en la amiga de Clinias que había que­dado hospedada en su casa, a su propia hija Antifila, de la cual Cremes, que no quería hijas, se había desembarazado abandonándola como expósita. El reconocimien­to lo resuelve todo: Menedemo, ahora se alegra de que su hijo Clinias pueda casarse con Antifila, que ya no es una joven sin dote, sino hija del rico Cremes. Éste, en cambio, se pone furioso contra su hijo, que lo ha burlado dándole a entender que Ba­quis era la amiga de Clinias, y contra Siró, a quien había aconsejado que engañase a su amigo Menedemo, y del cual ha resultado víctima. Pero este enfado dura poco: Cli­tifón se arrepiente de haber tenido por amiga a una cortesana y, renunciando a los amores fáciles, se declara dispuesto a casarse con la mujer que su padre quiera escogerle; y con él obtiene también perdón el astuto Siró.

De esta manera se repite en esta comedia el tema predilecto de Terencio, de las relaciones entre la vieja y la nueva generación, destinado a convertirse en tema central del teatro cómico hasta Goldoni. Terencio esta vez tampoco toma partido: la misma duplicidad de los perso­najes— dos viejos, dos jóvenes, dos amigas, dos criados — parece, intencionadamente, querer compensar el pro y el contra! El protagonista, estudiado con introspección psicológica que casi llega al drama, va­cila entre la austeridad tradicional y una comprensión nueva, y siente la crisis del contraste; el viejo amigo intenta ponerse de parte del joven, pero crea nuevos em­brollos y descubre los antiguos; también combinan enredos los jóvenes en sus amo­res, aunque éstos sean diferentes; y las dos muchachas, la cortesana y la honrada, sienten de modo diverso una substancial identidad de sentimientos. En esta incierta oscilación de valores, entre el viejo y el joven, entre lo austero y lo despreocupado, lo único seguro es el sentido trémulo de una transición, de un lento turbarse las verdades tradicionales sobre un fondo de buena voluntad humana. Los personajes tí­picos, las máscaras esculpidas a la antigua manera, desaparecen, y las nuevas tienen rasgos menos firmes, pero más trabajados en profundidad, más vibrantes, delicadamente reunidos en un clima de angustiada ironía.

F. Della Corte

Terencio nunca igualado en su pura, per­fecta y natural elegancia. (Leopardi)

Terencio por su humanidad y dulzura y por la nitidez de su arte, es casi el Virgilio de la comedia romana. (B. Croce)