Hamartigenia, Aurelio Prudencio Clemente

[Origen del Mal]. Poemita didáctico de Aurelio Prudencio Clemente, poeta cristiano de origen español, que vivió entre fines del siglo IV y comien­zos del V. Del mismo género y de argu­mento afín al de la Apoteosis (v.), la Hamartigenia tiene más alto valor poético y revela en el autor una más sentida inspiración. Después de un prefacio de 63 trí­metros yámbicos, en el que cuenta la lu­cha entre Caín y Abel, Prudencio entra en su tema y en 966 hexámetros confuta la he­rejía de Marcioso, el cual, partiendo del dualismo de los gnósticos, entre materia y espíritu, admitía dos principios en lucha, del bien y del mal. Prudencio, volviendo a tratar un tema que Tertuliano había tra­tado ampliamente en los cinco libros Con­tra Marción (v.), afirma la unidad de Dios: «nihil summum nisi plenis viribus unum» (v. 22). Que la Trinidad no se opone en nada a esta unidad, está demostrado con el ejemplo concreto del sol, que puede a un tiempo iluminar, calentar y fecundar. El principio del mal no es una divinidad, sino un ángel, el cual, creado bueno, se corrompió después y corrompió al hombre y a la naturaleza. El hombre, dotado del libre albedrío, puede escoger entre el bien y el mal; la eterna bienaventuranza espera a los buenos; la pena eterna a los malva­dos.

El poemita se cierra con una invoca­ción del autor para que Dios sea clemente al asignarle la pena que se merece. Nada nueva en cuanto a sus conceptos, la Hamartigenia es rica en rasgos poéticos muy feli­ces, que han encontrado en la poesía pos­terior vasta resonancia; notables sobre to­do los trazos con que está descrita la co­rrupción de la naturaleza y del hombre por obra de Satanás (v. 216 y sig.) y los que describen las penas del Infierno con­trapuestas a la bienaventuranza eterna del Paraíso (v. 824 y sig.): por primera vez este tema es amplia y vivazmente tratado por un poeta cristiano. La confutación está a veces ilustrada y avivada con ejemplos tomados de las Escrituras, con parábolas, como la de las palomas a las cuales Pru­dencio compara las almas de los hombres (v. 8Ó4 y sig.), y con la descripción de he­chos y usos del tiempo del autor, intere­santes estos últimos también desde el punto de vista arqueológico. [Trad. española de José Guillén en Obras completas (Madrid, 1950)].

E. Pasini