[Le Lycée). Bajo este nombre Jean François La Harpe (1739-1803) publicó, en 1799, el curso de literatura explicado por él en aquella especie de universidad libre de París llamada precisamente «Lycée», en dos temporadas (1786-1788; 1794-1799). Pese a las deficiencias informativas, a los errores de hecho, a las cualidades poco simpáticas de su carácter que le proporcionaron las antipatías de sus contemporáneos y burlas y ásperas críticas de sus sucesores, hizo una obra que fue útil a la marcha general de la cultura literaria y nueva para aquellos tiempos, al proponerse dar una historia razonada de todas las artes «de l’esprit et de l’imagination», desde Homero hasta su época; no es una obra erudita ni un reportaje elemental de nombres y de biografías, sino un complemento de cultura para quien no puede dedicarse expresamente a dichos estudios.
La antigüedad grecorromana está examinada rápidamente, de la mano de conceptos escolásticos y anticuados; el discurso sobre el estado de las letras en Europa, desde el siglo siguiente a Augusto hasta el siglo de Luis XIV, nos da una visión demasiado escorzada de la Edad Media y del Renacimiento italiano, con criterios mezquinos y algunas incomprensiones groseras, por ejemplo a propósito de Dante; pero también hay ideas sensatas, observaciones que merecerían ser reconsideradas, como en la introducción a propósito de cierto hipercriticismo de su época que, «desde que se había puesto de moda echárselas de pensador», creía necesario con cualquier motivo «abrumar las materias delicadas y profundizar en lo que es sencillo». La parte, mejor es la dedicada a la historia de la literatura francesa del siglo XVII, donde hay análisis agudos y claros de las obras de los clásicos, y observaciones sugestivas, si no profundas, tanto que Sainte Beuvé, que rehabilitó a La Harpe en sus Lunes (v.), declaraba que recurría a él a menudo, lo mismo que Chateaubriand le reconocía «capaz de sentir y admirar el ingenio» y alababa, quizás sin merecerlo, su imparcialidad. Al tratar el siglo XVIII, La Harpe, revolucionario hasta el 93 y luego convertido durante su encarcelamiento bajo la Convención, se abandona a sus rencores y, más que polémica, su invectiva es contra los que llama «monstruos» y contra los escritores como Rousseau y Diderot, inspiradores de la filosofía revolucionaria.
B. Treves
La Harpe no es un crítico curioso ni un investigador estudioso; pero es un profesor puro, lúcido y animado. (Sainte-Beuve)
La Harpe ha fundado la historia de la literatura francesa, tal como había de ser practicada durante todo el siglo XIX. (Thibaudet)

