El Hombre de Mundo, Ventura de la Vega

Comedia en cuatro actos, en verso, de Ventura de la Vega (1807-1865), estrenada en 1845.

Luis, hombre de mundo, ha sentado la cabeza al casarse con Clara, incomparable mujer de su casa, y vive feliz. Pero llega a su casa, re­gresando de un largo viaje, Juan, solterón impenitente y viejo compañero de franca­chelas, que se pone a recordarle las antiguas aventuras. Le habla de la magnífica burla que una mujer hizo a su marido, logrando que éste le presentara y admitiera en su casa a Luis, que era su amante… Repenti­namente cae en la cuenta de que Clara ha pedido a su esposo que le presente, trayéndolo a casa, un joven llamado Antonino, diciendo que éste corteja a su hermana Emi­lia, que con ellos convive. Así los dos jóve­nes podrán conocerse mejor. El hombre de mundo pierde la cabeza y cree que Clara y Antonino se entienden: tanto más cuando Emilia, por una casi morbosa altivez de su carácter asaz bien dibujado, se niega a ad­mitir que el joven venga a casa por ella; Clara, viendo al marido turbado, sospecha que éste tiene una amante; y Juan, que, enloquecido por Clara, se ha propuesto seducirla, estimula las sospechas de la dama. Luis trata de hacer que hable Ramón, el criado, pero emplea tanta cautela que el doméstico entiende mal y cree que su due­ño, vuelto a su libertinaje, se ha enamorado y está celoso de la cuñada.

De aquí surgen otros equívocos. Para ganarse la amistad de Ramón, Luis le regala un par de lujosos pendientes, para que con ellos intente con­quistar a la camarera, de la que está enamo­rado, pero desgraciadamente Clara había visto ya los pendientes en la tienda de un joyero y éste le dijo que serían suyos, por­que los compró su marido; Clara, a su vez, para obsequiar a Luis, compra un anillo, pero éste le gusta tanto a Emilia que ad­quiere otro igual para regalárselo a Antoni­no; y sucede que Luis, registrando las ropas de Clara, movido por las sospechas, encuen­tra el anillo, y cuando ve en el dedo de Antonino la «pareja», no tiene ya duda alguna de su infelicidad conyugal; cuando Clara, por su lado, advierte que la camarera lleva los pendientes que creía suyos, la tierra se le hunde bajo los pies.

Todos estos y muchos otros embrollos de menos importancia que se derivan de allí, quedan aclarados después de un modo natural y rápido. Es una come­dia de enredo y, por consiguiente, teatro de estricta tradición nacional española. Es, sin duda, la obra maestra del autor; brillantes las escenas y el diálogo, magistral el estilo, ágil la versificación. Salvando alguna escena un poco prolija, se puede aceptar el juicio que sobre ella emitió Menéndez Pelayo: «Comedia perfecta, quizá demasiado perfec­ta, es decir demasiado artificiosa».

F. Carlesi