El Hijo de Giboyer, Émile Augier

[Le fils de Giboyer]. Comedia en cinco actos de Émile Augier (1820-1889), representada en 1862. Comedia fuerte, de fondo social, suscitó grandes polémicas, pues se la supuso diri­gida contra el partido clerical; pero proba­blemente su autor no aspiraba a tanto, contentándose, en su programa artístico, con señalar y poner en la picota los vicios de la sociedad contemporánea Encontramos en ella a dos personajes de los Descarados (v.): Giboyer (v.) y el marqués de Auberive.

Giboyer es padre: pero su hijo Maximiliano ha sido criado lejos del turbio ambiente en que él siempre ha vivido, y ni siquiera sabe que se llama Giboyer. Terminados sus estudios, hace de secretario de un nuevo rico, Maréchal, que intenta por todos los medios hacerse un nombre en la política, y se apoya en cierta baronesa Pfeffer, da­ma de reputación más bien discutible. Se presenta ocasión de hacer un discurso en defensa del partido clerical; al principio confían el encargo a Maréchal, y Giboyer le escribe uno magnífico, pero luego cam­bian de idea, pues la baronesa desea hacer surgir una discordia entre Maréchal y el marqués de Auberive, una de las persona­lidades del partido. Maréchal, indignado, manda escribir a Maximiliano, el hijo de Giboyer, un discurso anticlerical, lo pro­nuncia entre grandes aplausos e ingresa en la Cámara. Giboyer, horrorizado al ver que su hijo ha heredado su genio libelista, quie­re llevárselo consigo a América, para sacarle de la corrupción del ambiente polí­tico parisiense. Maréchal se opone: « ¿Quién escribirá mis discursos?»; y para detener a Maximiliano le hace casarse con su hija. Al resguardo de la miseria, el joven podrá emplear noblemente su talento. Giboyer se marcha solo a América para rehacer su reputación.

Sarcey, por aquel entonces jefe de la crítica teatral oficial, afirmó sin más que el Hijo de Giboyer tenía casi tanta importancia como las Bodas de Fígaro (v.) de Beaumarchais; hoy, desaparecido el interés de actualidad al que la comedia debió su éxito de escándalo, vemos en el drama de Giboyer un motivo nuevo y emo­cionado de la comedia francesa. No es que fuera original la figura del hombre arro­llado por la vida, que sueña para su hijo una honradez que él nunca alcanzó, en cambio es sinceramente dramática la angus­tia del padre que ve aflorar en su hijo sus talentos negativos, a pesar de haberle edu­cado lejos de ellos. Y esta angustia redime la figura del equívoco periodista.

G. Alloisio

De la idea y trama de esta comedia, que, al igual que todas las comedias políticas, tiene el defecto de no ser más que un li­belo de ocasión, pertenecen a Augier sola­mente sus personajes. Es una amalgama como las que se forman en la memoria de los loros. (Barbey D’Aurevilly)