El Haya del Judío, Annette Droste-Hülshoff

[Die Juclenbuche]. Novela de Annette Droste-Hülshoff (1797-1848), publicada en 1842. La acción tiene lugar en Westfalia. Hermann Mergel, viudo borrachín y brutal, se casa con Margherita Semmler; en una noche de tempes­tad, lo hallan muerto bajo una gran haya del bosque. Su hijo Federico, es adoptado por su tío, Simón Semmler, con el que lleva una vida misteriosa. Es un joven apuesto y vanidoso, pero al mismo tiempo, violento y soñador. Un día Brandes, un guarda de caza que había tenido unas pa­labras con él, es también hallado muerto, como su padre, en el bosque, bajo la mis­ma haya. Cuatro años después, Aaron, el judío, que había sido enemigo de Hermann y ahora es acreedor de Federico, encontró también la muerte en el mismo lugar. Nadie sospechó de Federico; él, sin embargo, huyó después de este segundo delito. Volvió, pe­regrino arrepentido, pasados muchos años, bajo otro nombre, asegurando ser un escla­vo hecho prisionero por los turcos. Pero frente a él, se yergue todavía, inmensa y aislada, la misteriosa haya del bosque, que los judíos, después de la muerte de Aaron, habían comprado para que nunca fuese cor­tada: en el tronco del haya, habían escrito: «Cuando te acerques a este lugar, te harán a ti lo que tú hiciste a los demás». Una noche, Federico se ahorca en ella. En esta tenebrosa historia, los hombres pasan como sombras sobre el fondo de la figura cen­tral y el bosque es el verdadero protagonista con el haya que domina, como un hado, la suerte de los hombres. Terrible música del viento, terror de las tinieblas nocturnas, son las sensaciones vividas por la autora en su casa de campo solitaria, sensaciones que en esta obra toman forma y se encarnan. La novela vive a través de un cálido lirismo derivado de un hecho que la autora había oído contar en su in­fancia, de cuadros de costumbres y usanzas locales que caracterizan a los personajes. En el fondo, ni siquiera el pesimismo que parece dominarla es romántico dolor del mundo, sino cristiana comprensión del hom­bre hecho de pecado y debilidad.

G. F. Ajroldi