[Le Cahier rouge]. Memorias íntimas de (1767-1830), publicadas después de su muerte en 1907 y tituladas en realidad: «Mi vida: 1767-1783» [«Ma vie: 1767-1783»]. En una forma bastante límpida el autor perfila sucintamente su carácter de joven inquieto, en su primer contacto con la sociedad y la cultura europeas, y expresa con ingenua vivacidad sus aspiraciones y sus primeros desengaños ante la vida. Mientras que el Diario íntimo (v.) se refiere al tiempo comprendido entre los años 1804-1816, de una manera inconexa y fragmentaria, según el transcurso de una vida azarosa de amante y político, esta obra, por el contrario, comprende las evocaciones de la primera adolescencia bajo la forma de una verdadera narración.
Su vida de muchacho y de joven es juzgada por el Constant maduro con una sonrisa no exenta de ironía, pero siempre con un amable abandono hacia las primeras manifestaciones de la existencia. Los primeros viajes por Europa con su padre, los diferentes preceptores, las lecturas desordenadas y agitadas de libros de todo género, constituyen el interés del Benjamín Constant muchacho: el conocimiento de la alta sociedad le sugiere fáciles comparaciones entre el mundo de los poderosos y las ideas de libertad de los enciclopedistas. Son interesantes sus relaciones con los ambientes parisienses en 1785, en el ardor de la lucha política y en espera de una sociedad mejor. Las relaciones sostenidas con una tal Madame Jouhannot, el amor hacia una dama llamada Madame Trevor, y especialmente la profunda amistad con Belle de Zuylen, la famosa Madame de Charriére, muestran al adolescente un mundo complejo y delicado: va comprendiendo la vida lentamente, y aprende a gozar del mundo, a mostrarse frío antes que apasionado y a desear experimentarlo todo.
El anhelado compromiso con la joven Mademoiselle Pourras y el sospechado amor hacia la madre de ésta, le desquician de tal manera que trata de envenenarse. Otras aventuras y en particular una larga estancia en Inglaterra, aportan nueva materia de reflexión a los primeros desengaños de la vida. Es bellísima una de las últimas páginas del breve libro de memorias (llamado «rojo» por las cubiertas) sobre un estado de reflexión que se convierte en un íntimo, aunque nunca confesado, sufrimiento: hay detalles que recuerdan la confesión autobiográfica del héroe de su Adolfo (v.).
C. Cordié
Como Madame de La Fayette y el Abate Prévost, Constant ha escrito uno de esos libritos que sobreviven en el transcurso de los años, sin envejecer ni llenarse de polvo. Es el representante o el padre de una familia espiritual, que siempre hojeará su «Diario íntimo», su Cuaderno rojo, mientras que la familia staéliana no abre jamás los libros de su madre espiritual. Hemos agotado a Madame de Staél; a Constant, no. (Thibaudet)
En Constant el detalle principal lo constituye siempre la vida, el plano vital, y siempre es un terreno fecundado por una experiencia vivida, el fondo en donde esboza su pensamiento… El pensamiento en él es al mismo tiempo inmanente y trascendente en la vida, porque procede de ella; en su término resulta trascendente porque se eleva sobre la misma vida con las conclusiones que de ella obtiene y a las que, sin embargo, ha llegado sólo por la vida. (Du Bos)
El «yo» de Benjamín Constant es intolerante: es un «yo» separado de todo por naturaleza y que busca en vano echar sus raíces en un lugar cualquiera. (E. Jaloux)

