Así tituló el famoso aragonés don Juan Fernández de Heredia (¿1313-1396?), Gran Maestre de Rodas y paladín de los papas de Aviñón, una de las compilaciones que su afición a las letras le movió a realizar. La otra fue la Gran Crónica de España (v.). Todos los demás escritos por él tutelados y que llevan su nombre, fueron simplemente traducciones hechas por encargo suyo, sin que él laborase en ellos, según ha podido aseverar su biógrafo J. Vives. La Crónica de Conquiridores ha sido mal conocida hasta nuestro tiempo. Perdida su verdadera primera parte, se consideró como tal la suma de otras dos producciones heredianas: una historia del imperio bizantino desde Constantino V hasta Alejo I Comneno (780-1180), con nombre de Crónica de los Emperadores, y el Libro de los fechos y conquistas del Principado de la Morea, que alcanza hasta 1377, y cuyo principal interés deriva de las noticias aportadas sobre las hazañas de los catalanes y aragoneses en Oriente.
Ha podido después comprobarse que ambas obras, ajenas a la que nos ocupa, son simples versiones en dialecto aragonés — idioma de todos los escritos patrocinados por Heredia—, la primera del «Epitome Historiarum», de Juan Zonaras, y la segunda de una historia anónima francesa, completada hasta 1377 con alguna otra, que no ha podido identificarse. Todo ello se aclaró al encontrarse la primera parte perdida, de cuyo hallazgo dieron noticia J. Domínguez Bordona (1923) y el citado Vives (1927); contiene las biografías de 17 personajes de la antigüedad, míticos unos — Niño, Hércules…— e históricos y bien conocidos otros, como Aníbal, Alejandro, etc.; el más reciente es César. La segunda parte comprende 19: varios emperadores romanos y algunos personajes medievales, reyes en su mayor parte; de España, Fernando III y Jaime I. Ambas partes están inéditas, habiéndose sólo publicado sueltas las biografías de Carlomagno y Jaime I. Son conocidas— algunas constan en la propia obra — las fuentes utilizadas: el compendio de Justino por Trogo Pompeyo, cuya simple traducción fue tal vez lo primero que se pensó, ya que se incluyó su prefacio; Plutarco, Livio, las dos crónicas generales de Alfonso el Sabio y del mismo Heredia, etc.
B. Sánchez Alonso

