Nuestro Corazón, Guy de Maupassant

[Notre cœur]. Es la última novela de Guy de Maupassant (1840-1893), aparecida en 1890, y la de argumento más tenue.

En torno a Michèle de Burne, viuda joven y hermosa, ingenio­sa, inteligente y llena de ambiciones mun­danas, se ha formado un reducido círculo de hombres de mundo y artistas (todos enamorados de ella y transformados sabiamente por ella en respetuosos admiradores), entre los que destacan el músico Massival y el no­velista de moda, Lamarthe.

Entra en dicho grupo André Mariolle, amigo de Massival, hombre de ingenio, fino e intelectual, que no carece de veleidades artísticas, a quien el bienestar y la ociosidad han acostumbra­do a una vida agradablemente carente de objetivo. También Mariolle ama a Michèle, pero la fuerza de su pasión vence esta vez la prudente cordura de la joven.

Sólo que mientras en el alma del hombre el amor se hace cada vez más profundo, vio­lento y exclusivo, la hermosa dama, pese a sus sinceros esfuerzos, no consigue igua­larlo con el pleno abandono de la pasión, presa como está del sugestivo juego de las ambiciones mundanas. André, tras largos tormentos, trata de librarse de ella y mar­cha, esperando encontrar consuelo, en el campo, con el amor de una graciosísima y apasionada institutriz, pero Michéle le va a buscar y él vuelve a obsesionarse por ella, aunque sin poder esperar su transfor­mación.

Entre las novelas de Maupassant, ésta mereció, en su época, las mayores ala­banzas de la crítica por la nueva vena de tierna melancolía, la suavidad de sentí- j miento que parecían añadirse a las acos­tumbradas virtudes del escritor. En reali­dad toda la fábula está abrumada por aná­lisis demasiado prolijos y minuciosos, des­cripciones de estados de ánimo, soliloquios y monólogos, que parecen haber hinchado artificiosamente hasta las proporciones de una novela lo que podía ser el tema de un cuento rápido y penetrante.

A pesar de páginas sugestivas y momentos de rara efi­cacia, el escritor parece haber salido en esta obra de los que fueron los verdaderos caracteres y límites de su arte. [Trad. española de Luis Ruiz Contreras (Madrid, 1905)].

M. Bonfantini

Un primitivo que llegó tarde y se vio modificado lentamente por la atmósfera mo­ral de su época, dominado por las in­quietudes espirituales que nos han dejado los siglos pasados. (Lemaitre)