Vida de Miguel Ángel Buonarroti, Ascanio Condivi

[Vita de Michelagnolo Buonarroti]. Es una fiel y ordenada narración de la vida y de las obras del gran artista, escrita por su discípulo Ascanio Condivi (1525-1547) y publicada en Roma en 1553, viviendo toda­vía Buonarroti. La biografía del «príncipe del arte y del dibujo», dedicada con signifi­cativa contraposición al príncipe de la cristiandad, el pontífice Julio III, está, como la gran obra de Vasari realizada poco antes (v. Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores), por completo consa­grada a glorificar a Miguel Ángel como in­imitable héroe del arte y espíritu divino.

Condivi, pintor y escultor más que medio­cre, no poseía desde luego el ingenio bri­llante ni las cualidades literarias de Vasari; sin embargo, su intimidad con Buonarroti le permitió captar directamente sus ideas, recuerdos y noticias, preciosas para conocer la vida íntima del artista y dar en el libro una fiel transcripción de la misma. La Vida abarca desde la infancia de Miguel Ángel hasta cerca de los 75 años, cuando el maestro, terminados los frescos de la Ca­pilla Paulina, se dedicaba a una de sus últimas esculturas; la «Pietà» de la catedral de Florencia. Mientras al hacer mención de las obras mayores, como la bóveda de la Capilla Sixtina, las estatuas de la tumba de Julio II y el «Juicio Final», la prosa de Condivi no se eleva sobre las descripciones genéricas ni sabe expresar más que un admirado estupor, la llana sencillez de su estilo llega, por el contrario, a efectos llenos de eficacia al delinear a través de los sucesos, con frecuencia dramáticos, de su vida los rasgos del carácter de Miguel Ángel y sobre todo aquella alta conciencia del arte que él mantuvo incluso frente a los poderosos y que pudo ser confundida con soberbia o fantástico capricho.

Páginas como las referentes a sus discusiones con el papa Julio II, al encargo de pintar. la Sixtina, a la «tragedia» de la tumba del Pontífice, a la muerte de María Colonna, arrojan luz sobre el carácter de Buonarroti, no menos que sus cartas más sinceras. Concluye el libro con un feliz retrato del aspecto físico del maestro, de su norma de vida sobria e indiferente hacia el dinero, de su moralidad, de la que Condivi quiere justificar determi­nados aspectos mal comprendidos o poco claros. Consagrándose por entero a su héroe con conmovedora devoción, el escritor ha logrado conocerlo y comprenderlo — por lo menos hasta donde la grandeza de Miguel Ángel era accesible a su modesto ingenio — más íntimamente de lo que pueda haber hecho el mismo Vasari, quien, por lo de­más, aprovechó mucho de su obra, sin ci­tarla, en sus dos ediciones de las Vidas. La biografía, fuente de principal importan­cia para los estudios sobre Miguel Ángel, fue publicada de nuevo en 1746 con un capí­tulo complementario del escultor Girolamo Ticciati; la siguieron numerosas traduccio­nes y reimpresiones.

G. A. Dell’Acqua