Veinte Años Después, Alexandre Dumas (padre)

[Vingt ans après]. Novela histórica de Alexandre Dumas padre (1803-1870), publicada en 1845; segunda de la célebre trilogía en la que está precedida por los Tres mosqueteros (v.) y seguida por el Vizconde de Bragelonne (v.). Pasaron veinte años desde las aventuras juveniles de los cuatro héroes; al período dominado por Richelieu siguió el de transi­ción, señalado por la astuta diplomacia de Mazzarino.

D’Artagnan (v.) sigue en los mosqueteros, probado por veinte años de servicio; Mazzarino, que necesita de hombres fieles y decididos, le llama a su lado. D’Artagnan se pone a su disposición y, por un momento, confía en que podrá reconsti­tuir la antigua cuadrilla, desde hace tiempo separada por intereses y acontecimientos. Pero sólo el buen Porthos (v.), convertido en el rico señor du Vallon de Bracieux de Pierrefonds, le sigue en la ambiciosa esperanza de llegar a ser barón; Aramis (v.), entrado en la carrera eclesiástica, es parti­dario de la Fronda y teje sutiles y secretas intrigas con la señora de Longueville; Athos (v.), que ha recobrado su título de conde de La Fére, se ha retirado a uno de sus pequeños feudos campestres donde edu­ca a su hijo Raoul, vizconde de Bragelonne, que tuvo de una aventura con la señora de Chevreuse, y también él tiene simpatías por la Fronda.

Toda la primera parte de la novela parece dominada por la angustia de estas disensiones civiles, que permiten con­ferir a los hechos históricos el papel de verdaderos protagonistas: los desórdenes de la Fronda, la fuga de la corte a Saint- Germain, protegida y dirigida por D’Arta­gnan, la vida íntima de Mazzarino y Ana de Austria. Pero los cuatro héroes se en­cuentran de nuevo y de un modo impre­visto en Inglaterra: D’Artagnan y Porthos, enviados a Cromwell por Mazzarino; Athos y Aramis, tratando de salvar del patíbulo al desgraciado Carlos I. Esa tentativa, el episodio más intenso de la novela, fracasa, y los cuatro se encuentran de repente ex­puestos a la furia vengadora de un hijo de Milady (v.), el fanático Mordaunt, agente de Cromwell, que los persigue implacablemente. Durante el regreso, Mordaunt casi consigue hacer volar el buque que los transporta, pero los héroes huyen en una barca; Mordaunt, que ellos recogen semiahogado, trata de arrastrar al fondo consigo a Athos, que se abandonaría a la ven­ganza casi justiciera si el recuerdo de su hijo no le llamara a la vida y no le empu­jara a clavar un puñal en el corazón de su enemigo.

En Veinte años después falta aquel ardor juvenil que animaba los Tres mosqueteros, verdadera novela de la juven­tud. En compensación, el clima más des­cansado, y a veces de compromiso, propio de la edad madura, con sus nubes, sus inte­reses personales, su alternancia de derrotas y victorias, da a la obra una mayor pro­fundidad y un sentido más real de evoca­ción histórica; la atmósfera de esta época, para las generaciones que se formaron en los ecos suscitados por esta trilogía, es la creada por Veinte años después. Las pági­nas dedicadas a la muerte de Carlos I tienen un relieve dramático más próximo a Víctor Hugo que a Walter Scott, y una solemnidad en la que parecen madurarse esos elementos que Dumas revelaba en sus primeros dramas y que más tarde, en gran parte, debían dispersarse frente al ímpetu de su vena narrativa. [Primera trad. españo­la por A. Benigno Cabrera (Málaga, 1845)].

U. Déttore