[Escritores de la Historia de Italia], Monumental antología recogida de los historiadores italianos del año 500 al 1500, concebida y llevada a término por el príncipe de los eruditos italianos, Ludovico Antonio Muratori (1672-1750).
A este descomunal esfuerzo se había preparado Muratori desde que, como doctor de la Biblioteca Ambrosiana, había publicado los tres volúmenes de las Anécdotas latinas [Anécdota Latina, 1697/98-1713] y el volumen de Anécdotas griegas [Anécdota Graeca, 1709]. La idea de una gran colección de los historiadores italianos había sido durante mucho tiempo intentada por Apostolo Zeno (1688-1750), el cual, después de la lectura del segundo volumen de las Anécdotas latinas, escribió a Muratori comunicándole que estaba pensando en una edición de historiadores que se titularía «Rerum Italicarum scriptores hactenus desiderati», a la manera que de los historiadores de alemania lo habían hecho Meibornj y Goldasto.
Pero, hacia fines de 1714, Zeno había renunciado al soberbio propósito; y Muratori, que ayudando a su amigo había recibido «incluso en el espíritu, su proyecto, como idea pública y propia», sintióse impelido a llevarlo a término. Al terminar 1719, Muratori tenía ya dispuestos cuatro volúmenes y, en marzo de 1721, en la tipografía de la Sociedad Palatina, se iniciaba la impresión del primer tomo; entre 1722 y 1737 aparecieron veintisiete grandes volúmenes «in folio», a los que siguieron en 1751, un año después de morir Muratori, un vigesimoctavo, con un apéndice de crónicas y opúsculos e índices. La gran antología comienza con la Historia varia (v.), «que es como la espina dorsal que enlaza la Edad Media a la Antigüedad» (Carducci); siguen Pro- copio de Cesarea y Jordanes, compendiadores de la historia gótica de Casiodoro. Siguen los catálogos más antiguos de los pontífices romanos, el Libro pontifical (v.) de la Iglesia romana y el Cronicón de los obispos napolitanos y las obras más destacadas del período longobardo, las historias de Pablo Diácono y la de Erchemperto, que cuenta la vida de los longobardos de Benevento hasta 889.
Pero ya del cúmulo de las crónicas menores, panegíricos y memorias de monasterios, destaca la «gente de Italia, con sus muchos aspectos», y van apareciendo germanos y latinos como elementos yuxtapuestos; en el panegírico de Berengario I se habla de los «itali» y en el Antapodosis (v.) de Liutprando, de los «ítalienses». Liutprando, «conceptuoso, agrio, convulso como un moderno», es el escritor más fervoroso y animado de este período más antiguo. Entre las crónicas más notables que vienen a continuación, figuran la Crónica de la Novalesa (v.), el Liber Maiolichinus, que narra la gesta ultramarina de los písanos contra las Baleares, la Crónica de Otón y de Acerbo Morena, testimonios de la lucha entre Federico I y los municipios, Ricardo de San Germano y Saba Malaspina que, como Salimbene, conocieron a Federico II.
Con Riccobaldo de Ferrara, que traza una historia universal, se llega a las crónicas del siglo XIII, vasta aportación muy notable. La recopilación de las crónicas del siglo XIV y de la sucesiva historiografía humanística es tanta que comprende casi los dos tercios de la monumental antología. A dos siglos de distancia, aproximadamente, se constituyó, bajo el alto patronato de Carducci y por impulso de Margarita de Saboya, una nueva Sociedad Palatina que emprendió una reedición del Rerum Italicarum. Nuevas crónicas vinieron a incrementar la mole muratoriana mientras los textos de las antiguas se beneficiaban con los progresos de los estudios históricos, que habían hecho posible conocer redacciones más correctas y códices originales. Muchos textos, además de su riqueza de aparato crítico, contienen grandiosos comentarios extraídos de fuentes archivistas.
Todos ellos se hallan apoyados por copiosos índices cronológicos y de materias. Después de la muerte de Carducci y de su fiel colaborador Vittorio Fiorini, el «Instituto Histórico Italiano» asumió el patronato de la obra, confiando la dirección a Pietro Fedele. Desde el año 1900 hasta hoy, han visto la luz más de trescientos fascículos de la nueva edición.
G. Franceschini

