[Promenades dans Rome]. Obra de Stendhal (Henri Beyle, 1783-1842), compuesta en París y publicada en 1829.
Bajo la estructura de un libro de viaje, acomodado al fin de servir de guía a los extranjeros que visitan la ciudad, el escritor recoge sus más vivas impresiones y fantasías acerca de Italia; y a continuación de algunos de sus anteriores y agradables cuadernos de notas, como Roma, Nápoles y Florencia (v.) y también Vida de Rossini (v.), funde su nostálgica admiración por el país de la inteligencia y del amor, de la música y de la pasión. Stendhal, que afirma haber visitado seis veces la ciudad, en medio de tantos paseos quiere invitar también a los demás a que gocen de su mismo deleite.
Aunque el autor afirma equivocadamente que había vivido en ella desde el agosto de 1827 a 1829, sus numerosos viajes desde 1811 a 1827 le ofrecieron una buena ocasión para hablar de ella como entendido y hombre de buen gusto que sabe coger ‘ al paso lo que le agrada; la misma preparación informativa acerca de las obras de los historiadores, de los arqueólogos y de los viajeros, da a su narración el carácter de realismo que es necesario para una buena guía.
Lugar por lugar, de galerías a iglesias, palacios, jardines y villas, Stendhal hace de cicerone avisado y sagaz; pero todo su relato, aunque amablemente desigual y fragmentario, está entretejido de agudezas, disquisiciones sobre temas de arte, de política y de amor. El lector aprecia en esta obra una serie infinita de observaciones precisas y puntuales, acerca del estado de Italia y particularmente de Roma, centro ideal del arte y de la alta sociedad, y ve como un país soñado y querido se torna motivo íntimo y sentimental para el escritor.
Stendhal quería dar a conocer la pasión de los habitantes, su necesidad de enmascarar el espíritu para vivir bajo gobiernos tiránicos, y la gracia encantadora de las mujeres; pero en el momento en que preparaba un libro que sirviese de guía a los espíritus selectos diseñaba idealmente una nueva senda para su ideal de vida: y, diez años antes de su novela La Cartuja de Parma (v.), trazaba algunos caracteres singularmente patéticos y, al mismo tiempo, una visión aguda de la sociedad romántica, carbonaria y divertida del principio del Ochocientos italiano.
C. Cordié

