Nihongí O Nihon-Shoki, Toneri

[Anales del Japón]. Obra histórica japonesa, compuesta por el príncipe Toneri (675-735), hijo del emperador Temmu (673-686), con la cola­boración de Fuotno-Yasumaro, el autor de Kojiki (v.) y de otras obras.

Se terminó en el año 720 d. de C. El Nihongi y el Kojiki representan los primeros documentos históricos, a la vez que las obras más an­tiguas de la literatura japonesa que han llegado hasta nosotros. De otra obra his­tórica anterior, el Kujiki [Memorias de los acontecimientos de la antigüedad], escrita en el 620 por el príncipe Shōtoku Taishi (572-621) y por Soga-no-Umako (m. 626), ha llegado hasta nosotros un texto, al que con fundadas razones se tiene por apócri­fo, que debe ser todo lo que de esta obra pudo salvarse de un incendio (645).

A di­ferencia del Kojiki, escrito en japonés, y por ello importante para el estudio de la lengua antigua, el Nihongi está escrito en chino, y en 30 volúmenes abarca toda la historia del país, desde los orígenes míticos al año 697 d. de C. Los dos primeros volú­menes contienen la teogonía y la cosmo­gonía indígenas, y prosigue la narración describiendo la fundación de la nación y del estado japonés por obra de Jimmu Tennó, el primer emperador, su expedición a la isla de Hondo y las luchas que hubo de sostener con los aborígenes Ainu, la expedición a Corea, etc.

La narración está en forma de crónica, con la indicación pre­cisa de la fecha en que tuvo lugar cada uno de los acontecimientos, aun de aque­llos ocurridos antes de la introducción en el archipiélago de la escritura china (si­glo V) y de la adopción de un sistema para la notación del tiempo. Sobre esta ficticia cronología del Nihongi está basada la ac­tual era japonesa, introducida por el go­bierno en 1872, según la cual los años se cuentan a partir del 660 a. de C., año en que, según la tradición, Jimmu Tennó, el 11 de febrero, fue elevado al trono en Kashiwabara, en la provincia de Yamato.

El Nihongi deriva de los grandes modelos históricos de China, tales como el Shih Chi (v.), el Han Shu, etc., de los cuales a veces toma ideas e incluso reproduce fragmentos. La fantasía y el plagio que dominan en las primeras partes de la obra tienen su origen, principalmente, en motivos de orgullo na­cional, que hacían sentir agudamente a los isleños la inferioridad de su historia, tan reciente, en comparación con la de China, tan antigua y tan rica de acontecimientos y de figuras. Con ello el Nihongi sirvió también a fines políticos, porque dio con­sistencia y forma estable, como lo había hecho el Kojiki, a las más vitales tradicio­nes de la nación, sobre todo a las que se refieren a la ascendencia divina de la fa­milia imperial, cuyo prestigio quedó así consolidado.

No se olvide, a este propósito, que ambas obras salieron del ambiente de la Corte, destinado a conservar todavía du­rante muchos siglos el monopolio de las letras y de la cultura. A pesar de todo, el Nihongi, visto a la luz de la crítica, es una obra fundamental para e} estudio del an­tiguo Japón, y desde el punto de vista li­terario y filológico posee asimismo no. pe­queño valor, gracias a las 132 poesías que contiene, reproducidas en la lengua arcai­ca del texto original. Ha sido traducido al inglés por W. G. Aston (1841-1910) en 1896, y, más tarde, al alemán por K. Florenz en 1891-1896 (edición revisada en 1903).

M. Muccioli